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sábado, 31 de diciembre de 2011

Un Saco de Huesos



  • Autor: Stephen King 
  • ISBN: 978-84-0132-7438  
  • Editorial Lectorum Publications
  • Año: 1999
  • 606 págs
  • Precio: 20€


    Cuatro años después de la repentina muerte de su esposa Jo, el novelista Mike Noonan sigue preso de una terrible depresión y espantosas pesadillas. 
    Busca refugio en su casa de veraneo y se ve atrapado en un escenario de visitas fantasmales y obsesiones cada vez más abominables... 
    Pero en ese lugar no sólo le acechan espíritus, también un hombre: poderoso y totalmente sin escrúpulos a la hora de manipular a la comunidad para conseguir sus siniestros propósitos. Sin buscarlo,  Mike se involucra en el enfrentamiento. ¿Saldrá mal parado?


    miércoles, 28 de diciembre de 2011

    ¡Nuevo Proyecto!

    ¡Año nuevo, proyecto nuevo!
    En pocos días cambiaremos la hoja del calendario y entraremos en el temido año 2012. ¡Pero ni los mayas ni los agoreros de turno van a enturbiar mi buen humor! De hecho, estoy tan ilusionada que ya tengo preparados un par de capítulos de la historia que quiero colgar en el blog.
    Eso no significa que vaya a abandonar a July, ¡de eso nada! Estoy encantada escribiendo "El Diario de Julya", pero es sólo un suculento aperitivo comparado con los libros que tengo preparados jiji =^^= 

    Espero que sigais mis pasos hacia el Infierno... 

    Saludos ;)

    domingo, 25 de diciembre de 2011

    ¡¡Ya llegó la Navidad a la habitación!!


    ¡Ya adorné el árbol de Navidad! 
    Y debo admitir que me sentí un poco más feliz, más liviana. 
    ¡Va a ser verdad que el espíritu navideño alegra los corazones!
    Mentiría si dijera que me encanta la Navidad, pero ver las luces adornando las calles, los coros cantando, los inmensos belenes que salen en la televisión y los dulces que muestran en los escaparates... Quieras o no, algo se te pega =^^


    Saludos ;)

    miércoles, 21 de diciembre de 2011

    Donde los Árboles Cantan





    • Autor: Laura Gallego García
    • ISBN: 97884-6755-0030
    • Editorial SM
    • Año: 2011
    • 477 págs.
    • Precio: 14.95€








      Viana, la única hija del duque de Rocagrís, está prometida al joven Robian de Castelmar desde que ambos eran niños. Los dos se aman y se casarán en primavera. 

      Sin embargo, durante los festejos del solsticio de invierno, un arisco montaraz advierte al rey de Nortia y sus caballeros de la amenaza de los bárbaros de las estepas... y tanto Robian como el duque se ven obligados a marchar a la guerra. 

      En tales circunstancias, una doncella como Viana no puede hacer otra cosa que esperar su regreso... y, tal vez, prestar atención a las leyendas que se cuentan sobre el Gran Bosque... el lugar donde los árboles cantan.


      lunes, 19 de diciembre de 2011

      Sábado - 5

      ¡Mi primera cita con Alex! ¡Vaya nervios! ¡No me lo creo!
      Le temblaban las piernas durante todo el día. Tenía mucho frío y la comida no le entraba. Esperaba ansiosa la llamada de Alexander. Cuando al fin sonó el móvil, July empezó a temblar, pero escuchar su voz le sentó como una tila. 
      Primero irían a casa de su prima Sthephanie, luego al centro comercial a buscar el regalo para el cumpleaños de su madre y por último a dar una vuelta con unos amigos. 
      —Ve vistiéndote. Dentro de un rato paso a buscarte.
      Julya fue corriendo por toda la casa: rulos por aquí y rímel por allá, y su madre persiguiéndola con el secador. 
      Salió de casa divina de la muerte y más contenta que nunca.
      Pero empezó a hacer mucho viento. Para cuando Alex la recogió en su coche, apenas le quedaba nada del peinado. No... ¿Por qué? T^T 
      A los pocos minutos llegaron a casa de su prima. Julya se sorprendió al descubrir que la chica vivía cerquísima de la suya. Al bajarse del coche, Alex lo rodeó y se acercó a July para saludarla, pero titubeó; no sabía si besarla o no. Así que ella se puso de puntillas y le dio un piquito en los labios.
      Una vez dentro, vio que la casa tenía un diseño muy extraño: el pequeño recibidor daba a una sala circular que tenía en el centro unas escaleras de caracol de hierro, que ascendían hasta las siguientes plantas y descendían hasta el... ¿sótano, semisótano? De allí partían cinco pasillos y Alexander la condujo por el que quedaba a la izquierda, bajó un par de escalones y llegaron al salón. Estaba oscuro, con las persianas apenas levantadas; tanto el sofá como el suelo y las paredes eran blancos, por lo que daban una sensación de frío e invierno que no ayudaba a July a entrar en calor...
      Estuvieron en la casa cerca de media hora: Alex jugando a la consola, July tumbada en el sofá y Stephanie colgada de su móvil, comprobando quién se apuntaba a la quedada de más tarde. 
      En vista de que la gente no se aclaraba, Alex decidió irse cuanto antes al centro comercial.
      —Luego os llamo y quedamos, ¿va?
      Allí se recorrieron todas las tiendas de arriba abajo buscando el regalo para el cumpleaños. Por el camino se cruzaron con diez conocidos de Alex, quien saludaba a todos con una sonrisa y una carcajada. Se los presentaba a Julya, pero el número de gente con la que se cruzaban aumentó tanto, que no hizo el esfuerzo de quedarse con ninguno de los nombres.  
      ¿A cuentos se conoce? O_o ¡Normal que cada fin de semana tenga una fiesta distinta! Con tanta gente donde elegir...
      Alexander acabó comprando la colonia que Julya sugirió desde el principio -y luego se enteró de que a la madre le encantó.- 
      Al cabo de una hora aproximadamente, llegaron Stefi y su novio, también estaba Parker, el hermano de Stefi, que venía acompañado por Carlee. 
      Julya la observó, intentando hacer memoria. ¿Dónde te he visto antes?
      —¿No te acuerdas de mí? Nos vimos en verano. Estuvimos en la misma clase para sacarnos el examen teórico de conducir.
      —¡Anda! ¡Es verdad! ¡Hemos estado en la misma autoescuela! 
      Alex empezó a reírse, ¡por una vez no era él quien se cruzaba con alguien conocido!
      Después fueron en coche a casa de otro de sus amigos: Benjamin. Durante el trayecto ambos descubrieron que tenían muchas canciones en común y las cantaron a dúo.
      La casa de Ben era ese tipo de casa a la que van todos cuando no tenían otra cosa que hacer. Llegaron a reunirse hasta ocho personas, por suerte el salón era lo bastante grande... Sin darse cuenta, todos rodearon a Alex para escuchar sus tonterías; unos se sentaron en el sofá, en sillas y los restantes se quedaron de pie, apoyando la espalda en la pared. 
      Julya sonreía. Le gustaba que todos le miraban embelesados, pendientes de cada una de sus palabras, como si fueran de oro. Definitivamente, Alex era el alma de la fiesta; ¡y Julya estaba con él!
      Al final salieron a picar algo y por el camino empezó a llover, por suerte ella llevaba paraguas. Iba la última del pelotón y, al mirar a los demás, se dio cuenta de que iba demasiado arreglada, aunque hubo algunas miradas a sus piernas... y no todas de Alex.
      Mientras cenaban, se lo pasó muy bien con Carlee, hablando de la universidad, comentando anécdotas y riéndose de los profesores. Alex y Parker engulleron sus bocadillos, y luego se pelearon por la coca-cola y las patatas. Cada vez que Stephanie abría la boca, Julya se quedaba embobada mirando sus ojos: ¡eran azules, enormes y preciosos! Nada que ver con los de su hermano o su primo. 
      Hubo un momento de la conversación en el que Stefi, entre risas y miraditas, comentó que Alex y July iban del mismo color, y tanto el uno como la otra, se miraron y vieron que tenía razón: iban de morado, y ninguno se había dado cuenta de ese detalle. Luego cruzaron miradas, avergonzados.
      A la salida todos se desperdigaron, cada uno se apañó para ir en el coche que pasaría más cerca de su casa. Alex y July esperaron a Ben, que fue a pillar unas películas. Mientras tanto, ellos estaban solos en el coche, a oscuras y con buena música. Se besaron...  
      Sabe a patatas.
      La lluvia empeoró a la vuelta y Alexander se mosqueó porque había caravana y ya empezaba a ser tarde. A July no le importaba: cuanto más tiempo estuviera en el coche, más tiempo pasaría con él. Cuando la dejó en la puerta del chalet, July le dio un último beso.
      —Gracias... —susurró. Me lo he pasado muy bien. ¡Tus amigos son muy majos!
      Alexander sonrió, se despidió de ella y arrancó el coche. Las luces se perdieron al doblar la esquina.
      ¡Ha sido una tarde muy divertida!

      sábado, 17 de diciembre de 2011

      Sufrido y Escrito: Prejuicios

      Hay momentos en los que desearías gritarle al mundo entero que se equivoca... pero por desgracia no siempre se puede. Ayer viví una de esas incómodas situaciones y necesito escribirlo para sacarlo del cuerpo; librarme del malestar y la rabia.
      Por eso voy a estrenar una nueva sección: Sufrido y escrito.

      Prejuicios
      Nada más presentarnos, odio que la gente te juzgue por tu aspecto o tu comportamiento. No te conocen y tampoco hacen el esfuerzo por conocerte, pero ya tienen una idea preconcebida de ti que, prácticamente en todas las ocasiones, dista muchísimo de la realidad.
      Ayer, sin ir más lejos, mi... ¿suegro? (no, no debería llamarlo así), el padre de mi novio (eso está mejor), me ha colgado el cartel de pija. ¿Por qué? No tengo la menor idea... 
      En realidad  no me molesta que me consideren una pija (antes eso que choni/pokera, por ejemplo), pero odio que te traten de una manera u otra dependiendo de la etiqueta que lleves pegada a la espalda.
      Soy una chica muy tímida, tanto que a veces me convierto en introvertida; me da un palo impresionante conocer gente nueva. De ahí que sea muuuuuy calladita, me limite a sonreír y asentir cuando estoy con gente y hablo con la mayor educación del mundo. 
      Pues bien, por ser así resulta que soy pija. ¿Sentido? No le veo ninguno... Y, como él, muchísimas personas dan por hecho que soy algo, pero en realidad no. 
      Me da rabia que crean que en cuanto abro la boca, consigo lo que quiero (¡ojalá!), que sobrevivo a base de caviar (ni siquiera lo he probado, ni tengo intención), me baño en dinero u oro y disparates por el estilo. Resultan increíbles las cosas que llega a decir la gente sin conocer en absoluto a otra persona.
      Y cuando se trata del aspecto físico, ¡ya ni hablamos! Podría escribir un ensayo sobre este tema y me quedaría corta.
      Eso no significa que yo me libre de los prejuicios, por desgracia también caigo en esa trampa. Pero siempre procuro no encasillar a las personas, sobretodo si no las conozco. Intento aplicarme mi propio cuento. ¿Y vosotros? ¿Qué pensáis?


       Saludos ;)

      martes, 13 de diciembre de 2011

      Viernes - 4

      Julya sacó las llaves del contacto, salió del coche y luego lo cerró. Alexander le había dado un toque al móvil para que supiera que ya estaba en clase. Al llegar vio que estaba tumbado a gusto sobre su mesa, ella se sentó en la contigua, dando la espalda a la pizarra y con los pies sobre el respaldo. 
      —Pareces cansado comentó July, esbozando una sonrisa. Cualquiera diría que hoy es viernes.
      —Es que no me he tomado mi coca-cola.
      —Tu chute, diría yo. —Alex rió por lo bajo. Estás tan dormido que no has dicho ni hola.
      Entonces se levantó del asiento y se estiró para darle dos besos. El primero selló su mejilla, el segundo quiso hacerlo en los labios, pero titubeó y se detuvo a escasos centímetros.  
      Toda chica imagina desde niña su primer beso. Julya también lo había hecho, sólo que nunca le había puesto cara al chico, no era lo importante... Quiere más... Y ella se lo dio. 
      Se besaron.
      En las películas, cuando una pareja se besaba por primera vez, siempre se oía una preciosa canción que armonizaba a la perfección con la situación y los sentimientos que ambos experimentaban. Pero Julya no oyó nada, sólo hubo silencio. 
      Al instante, Alex abrió la boca y metió la lengua con una fuerza que incomodó a Julya, quien se vio arrastrada por la sensación de asco. ¡Vas muy deprisa! Al final se separaron y ella lo agradeció enormemente; se sentía torpe y... no le había gustado. 
      Estaba decepcionada, desencantada. Uno de los momentos más importantes de su vida, ¡El primer beso, nada menos!, había sido una auténtica mierda... 
       Sin darse cuenta llegaron los amigos de ambos. Como Alex se había traído el portátil y Julia prefería no estar muy cerca del Ironías -no fuera a tener otra rabieta-, fue a sentarse con Andrew. 
      Aquel día, Nathan estaba más apagado de lo normal: sus labios sonreían, pero sus ojos no.
      —¿Qué te pasa?
      De nuevo sonrió. Hizo un aspaviento con la mano para quitarle importancia al asunto, pero ella no lo dejaría correr.
      —Vengaaa...
      Nathan confesó a regañadientes que no estaba avanzando con Amy, la chica que le gustaba desde hacía unos meses. Quería pedirle salir, pero no estaba seguro ni siquiera de si le interesaba.
      —Lanza una indirecta. Por suerte las chicas suelen captarlas mejor que vosotros —dijo con picardía, chinchándole con un dedo en el hombro.
      —¿Cómo?
      Pregúntale si tiene novio, como hice con él —dijo ella, señalando a Alex, quien aterrizó en la conversación.
      —¡Fue todo un canteo! —gritó con una sonora carcajada.
      Julya se lo quedó mirando un segundo. Hasta entonces no había dicho que le pareció algo tan escandaloso.
      —Pero bien que funcionó —añadió ella al final.
      Nathan se removió en el sitio, sopesándolo.

      Durante el descanso, Julya aprovechó para acercarse al trío de viciados, cuyas cabezas ni siquiera asomaban por encima de la pantalla. Qué novedad...   
      Como siempre, tenía las manos heladas, así que se las puso a Alex en el cuello para fastidiar un poco, pero la sorpresa se la llevó ella.
      —¡Estás ardiendo! —exclamó, un tanto preocupada.
      Lo sé.
      —¿Seguro que estás bien? —preguntó mientras se inclinaba. Una cascada de pelo castaño se interpuso entre él y el juego.
      —Sí... Mi temperatura corporal el superior a lo normal—aseguró, levantando la cabeza y mirándola a los ojos—. Ya te acostumbrarás.
      ¿Que ya me acostumbraré? Julya se enderezó. Aún estaba esperando que le pidiera salir, pero parecía que Alexander lo daba por sentado...
      —Bueno... Me voy, que empieza la clase otra vez. Luego regreso.
      —¡Más te vale!
      Julya le miró de reojo.  
      ¿Se cree que tiene total control sobre mí? 
      ¡¡WTF!! >.<


      jueves, 8 de diciembre de 2011

      Lunes - 28

      ¡De nuevo ordenador en mano! >.<
      Julya decidió no expresar sus opiniones respecto al portátil, pero tampoco se iba a quedar de lado. No se dejaría vencer por una máquina. Sólo falta que lo llame Scainet... ¬_¬
      Al principio se sentó en el extremo de la fila, justo a la izquierda de Alexander, para dejarle con sus amigos. A pesar de sus buenas intenciones y su paciencia con Marlon, el muy estúpido se puso insoportable en cuanto pisó la clase: decía que quería sentarse él a la izquierda, que le había quitado el sitio. ¿Estás gilipollas, o qué te pasa? Julya no se movió, ¡faltaría más! No entendía a qué venía esa rabieta de niño pequeño. 
      Para no tener que oír sus protestas, al final Alex decidió que él se quedaría en medio. Así que todos se desplazaron: primero se puso Robert -en el extremo donde antes estaba ella-, luego Ironías, Alexander y Julya a su derecha, apoyada en su hombro.

      Por suerte el resto del día transcurrió tranquilo: los tres chicos estuvieron pendientes del juego on-line y sólo exclamaban cuando conseguían alguna runa mágica de gran poder o mataban al troll de las mazmorras... Julya se dedicó a leer. Siempre tenía un libro preparado en el bolso para cuando las clases eran tan soporíferas que no las soportaba ni el propio profesor que las impartía.
      Aprovechando la pausa para descansar que se hacía entre una clase y la siguiente, apareció de repente una chica. Era muy menuda, más o menos de la misma estatura que Julya. Vestía un extraño conjunto de chaqueta y vaqueros que no pegaba precisamente, pero su pelo corto como un chico y de un naranja rabioso hizo que se ganara el apodo de chica-zanahoria
      La chica-zanahoria se plantó delante de Alexander y empezó a hablar con él, ignorando deliberadamente al resto de las personas de la fila. Para Julya era una falta de educación, qué menos que un mísero "hola".
      —Ya han colgado en internet las notas de programación. ¿Las has visto?
      Su actitud y el coqueteo eran evidentes, pero Alex no hizo el menor caso, de hecho ni siquiera contestaba a lo que ella preguntaba. No existía.
      Julya tenía los ojos clavados en el libro y leía una y otra vez el mismo párrafo para hacerse la sueca, aunque en realidad estaba pendiente tanto de las reacciones de la chica-zanahoria como de Alex; era muy divertido verla maquinar y pensar maneras de llamar su atención... y comprobar que la pobre tenía pocos recursos e imaginación.
      A pesar de la fría actitud de Alex, la chica-zanahoria no se dio por vencida, insistió hasta cuatro veces en la misma pregunta: "¿has visto las notas?"
      —¡No he visto las notas! —dijo al fin, con brusquedad. Se notaba que sólo su presencia le fastidiaba y quería que se largase cuanto antes, pero no lo consiguió.
      —¿Por qué no las has visto? —preguntó de nuevo con su voz aflautada.
      —¡Hala, vaya voz!
      Marlon aterrizó de repente en la clase: el juego le había devuelto la vida por un breve, aunque oportuno, momento y empezó a cachondearse de ella con un descaro alucinante.
      ¡Me recuerdas al camarero de los Simpson! ¡Ese que...!
      Y saltó Julya:
      —¡Síííííí! ¡Sufrí un infaaarto!
      Y todos se descojonaron. Obviamente, la chica-zanahoria se fue para no volver; parecía muy indignada.
      Yo estaba antes, guapa. No he soportado estas semanas el puñetero ordenador para que vengas tú ahora.  
      Julya volvió a abrir el libro y reanudó la lectura.

      lunes, 5 de diciembre de 2011

      Martes - 22

      Estaba enfadada. A pesar de ser su cumpleaños, el día era un auténtico asco.
      Julya se había vestido con uno de sus conjuntos más monos: una minifalda negra junto con sus botas de tacón y un jersey púrpura de cuello en V, incluso se había maquillado, algo muy insólito en ella. 
      Todo para llamar la atención de Alexander.
      Julya no solía hacer castillos en el aire, pero sí había imaginado que Alex la miraría con   sorpresa o puede que picardía... Sin embargo, fue una fría indiferencia lo que se encontró esa mañana.
      Como era de esperar, no había nadie en toda la clase: ellos dos solos. El chico estaba conectado con su ordenador y apenas la miró unos segundos antes de volver a centrarse en la pantalla para seguir matando monstruos. 
      Ni siquiera la felicitó.  
      Julya ahogó un bufido. El día anterior se lo había comentado a todo el grupo y que se le hubiera olvidado no hizo sino hincharle la vena. Pero respiró hondo y se lo tomó con calma, al fin y al cabo tenía todo el día por delante... pero éste no mejoró.
      Trató de llamar su atención: le preguntó por el juego de rol e hizo como si le interesara -aunque su época de juegos on-line pasó hacía años-, pero no consiguió sacar más de unos monosílabos.  
      ¿Qué le pasa? Ayer estaba normal.
      Cuando vio a Nathan se le iluminó la cara. El chico la abrazó y luego se sentó. Andrew parecía un tanto meditabundo y apenas levantó la cabeza como saludo. ¡Ni siquiera me felicitan! ¡Hay que joderse!
      —¡Qué pasa, gorda! ¿Cuántos te caen?
      Julya no necesitó darse la vuelta para saber que había aparecido el Ironías. Precisamente el único al que no puedo ni ver...
      —Deberías saberlo porque ayer os lo dije a todos comentó con cierto mal humor.
      Nathan aterrizó en ese momento en el planeta Tierra y su cara se desencajó.
      —¡Lo siento, lo siento! ¡No me acordaba!  
      La volvió a espachurrar en un inesperado abrazo; July sintió cómo le crujía la espalda. Estaba mosqueada, pero no pudo evitar sonreír. ¡Nathan siempre era tan mono cuando se disculpaba! =^^= 
      ¡Anda! Ahí viene el champiñón. 
      Chris se dirigió hacia ellos. Por raro que pareciera, sí se acordó de felicitarla, aunque fue bastante seco porque todavía no tenía confianza con ella.
      July notó que alguien la llamaba dando unos golpecitos en su hombro, así que se giró y se encontró con la barbuda cara de Andy (con el plumas puesto parecía un enorme oso pardo) La cogió de la mano y le dio un fuerte apretón. A continuación se sentó en su sitio y sacó el e-book para leer el "frikilibro" -ciencia ficción y filosofía- que tocara esa semana. Julya se quedó un poco estupefacta. Imagino que es su forma peculiar de felicitarme... ^^U
      Pero las cosas no terminaron ahí.
      Esa misma tarde, mientras estaba conectada al facebook, Nathan le dijo que Marlon -textualmente "el asqueroso Ironías"- la había puesto verde a sus espaldas.  
      ¡Será cobarde, el muy cabrón! ¡A mí las cosas a la cara!
      De camino a la boca del metro, él, Alex y Nathan estaban hablando de los examenes que les acechaban. Entonces Ironías empezó a mofarse de Julya, riéndose de ella por estar cursando por segunda vez alguna de las asignaturas, llamándola gilipollas y despreciándola por completo.
      Entonces Nathan, como buen amigo que era, salió en su defensa. 
      —Riete, pero seguro que tú no eres capaz ni de aprobar una asignatura. 
      —¡Claro que sí! ¡No como ella, que está repitiendo!
      —¿Repitiendo? Tú no tienes ni idea de cómo va la universidad, ¿verdad? Ella no está repitiendo, sólo le quedaron tres o cuatro.
      Alexander escuchaba sin hablar, algo muy raro en él porque siempre le gustaba meter baza. Parecía dividido y no sabía a quien apoyar. Entonces decidió ocupar un papel neutral en la discusión.
      —Venga, tío —dijo sin convicción. Deja de meterte con ella... 
      Ironías era demasiado cabezota, así que no hizo caso y le dirigió una mirada de desprecio a Nathan, quien ni se inmutó y tampoco estaba dispuesto a callarse.
      Si sigues haciendo gilipolleces te echarán de la carrera —dijo. Entonces todos nos reiremos de ti.
      El muy idiota se quedó de piedra, intimidado. Nathan resistió la tentación de sonreír triunfal. Le tenía gato desde el primer día que abrió su bocaza y era una oportunidad perfecta para dejarle por los suelos, como la mierda con ojos que era.
      Julya sonrió cuando le contó todo. ¡Me lo comía a besos! Luego se percató del detalle de que Alex no había abierto el pico por ella. ¡Menudo caballero de brillante armadura! Qué decepción... ¬_¬

      viernes, 2 de diciembre de 2011

      Miércoles - 16

      Julya temblaba.
      Alexander parecía nervioso.
      A pesar de sus largas piernas, los pasos del chico eran cortos y daba la sensación de caminar a cámara lenta. 
      La poca distancia que los separaba la estaba matando. July metió las manos en los bolsillos de su cazadora y esbozó una tímida sonrisa cuando Alex por fin llegó hasta ella.
      —No a las dos preguntas.
      ¿Dos? Frunció un poco el ceño, desconcertada, pero se recuperó al segundo y murmuró un simple "bien" al mismo tiempo que asentía. Clavó sus ojos en él, esperando algún tipo de proposición. Las palabras "¿Quieres salir conmigo?" se repetían en su cabeza como una alegre letanía que le daba esperanzas y suavizaba el frío de aquella mañana.
      En su lugar, Alex meneó la cabeza para indicarle que empezara a caminar hacia el aulario. July le siguió como un perrito fiel, trotando a su lado.
      ¡Vamos! Ya te dí el empujoncito, el resto lo tienes que hacer tú solo.
      Sin embargo, las dichosas palabras no llegaron. El chico empezó a hablar de su móvil, explicando los fallos que ultimamente estaba cometiendo:
      —Siempre lo uso de despertador, pero el otro día ni siquiera sonó. No tengo ni idea de qué le pasa. 
      July asintió, pero no escuchaba.
      ¡Estás tonto! ¡No me cambies de tema! ¡Me importa una mierda tu móvil! ¡Pídemelo!
      Entraron en clase y para su sorpresa, ya había llegado algo de gente. Alexander enfiló hasta el final para enchufar su ordenador a la pared, lo cual significaba que no le vería el pelo en resto del día. Tanto mejor, porque July no estaba de humor como para quedarse a solas con él y seguir escuchando tonterías acerca de su móvil roto. 
      Se sentó en la segunda fila, entre Nathan y Andrew, como siempre. Se cruzó de brazos; estaba enfadada. Sus amigos notaron su mal humor al instante.
      —¿Qué te pasa? —dijo Nathan. ¿Estás bien?
      Julya sacudió la cabeza y se encogió de hombros. No quería pagar los platos rotos con él. Aún así, no pudo callarse su rabia durante más tiempo y le pidió consejo. Contó a grandes rasgos lo ocurrido el día anterior y esa misma mañana. Aunque al principio no quería desvelar el nombre del chico que le gustaba, al final no tuvo más remedio porque Andy ya lo había averiguado por su cuenta y no quería excluir a Nathan de la conversación. 
      —Pero, ¿qué sientes por él?
      —Me gusta, nada más.
      —¿Tú le gustas a él? —preguntó Andrew. Porque a lo mejor...
      —Sí, sé que le gusto. No lo hemos dicho con esas palabras, pero no hace falta. ¡Es evidente!
      Julya estaba hablando más alto de lo normal, pero no le importaba que alguien más puediera oírla. Además Alex había decidido auto-marginarse en un rincón de la clase junto a sus dos amigos -o las "sombras", como solía decir Nathan-.
      El resto de la clase fue un constante murmullo entre los tres. A Julya le gustaba escuchar los problemas de los demás, pero siempre venía bien que le echaran una mano con los suyos, y sus amigos estaban dispuestos a darlo todo por ayudarla. Estaba encantada con ellos: ¡eran los mejores amigos!


      jueves, 1 de diciembre de 2011

      Eragon


      • Autor: Christopher Paolini
      • ISBN: 978-84-9628-4326
      • Editorial Roca Juvenil
      • Año: 2004
      • 650 pags
      • Legado #1
      • Precio: 21€

      En el reino legendario de Alagaësia la guerra se está gestando. 
      Los Jinetes, protectores de la paz del Imperio y los únicos capaces de controlar a los inteligentes dragones, se han extinguido o han pasado a formar parte de las tropas del malvado rey Galbatorix. 
      Los elfos hace tiempo que se han exiliado a un lugar desconocido y los vardenos, un grupo disidente, se ocultan en ciudades protegidas.  
      Cuando Eragon, un joven de 15 años que vive en una pequeña aldea, se encuentra con una piedra preciosa en medio del bosque a donde ha ido a cazar, poco se espera que ese suceso vaya a cambiar su vida y el destino de Alagaësia. Lo único que desea es venderla para así asegurar la subsistencia de su familia durante el duro invierno. Sin embargo, una noche la gema se rompe y lo que sale de ella lo llevará a un viaje que lo convertirá en héroe.
      ¿Podrá Eragon tomar la responsabilidad de los legendarios jinetes de dragones? La esperanza del Imperio descansa en sus manos...


      miércoles, 30 de noviembre de 2011

      Lista de Deseos

      ¡Hola!

      He publicado esta entrada para llevar un índice de los libros que me quiero comprar. Son tantos que llega un momento que me pierdo y no recuerdo todos con exactitud... ^^U

      También es para guiar a aquellos bloggers que les gustaría un intercambio de libros conmigo y no saben si cuentan con alguno que me interese. Pero os recuerdo que esto es para orientaros, no es una lista cerrada. La iré modificando y actualizando a medida que me haga con los libros.


      jueves, 24 de noviembre de 2011

      Lunes - 14

      Mierda... Nada más salir de casa, July se dio de bruces con un gigantesco atasco: toda la autovía estaba hasta los topes. Coches, furgonetas y camiones se apelotonaban en un cuello de botella que se formaba al disponer de cuatro carriles a simplemente dos.  
      Así que subió el volumen de la música y se armó con grandes cantidades de paciencia y resignación.  Lo peor de todo era que, cuanto más tiempo estuviera metida en aquel embotellamiento, estaría menos minutos con Alex...
      Como ambos tenían la costumbre de llegar muy pronto -disponían de toda la clase para ellos-, solían quedar para charlar tranquilamente... un instante para compartir , sin amigos pesados ni cotillas que metieran las narices. Sin embargo, aquella mañana ya podía irse despidiendo porque tendría coche para rato. Su oportunidad de estar a solas con él se fue al cuerno.
      ¡Por fin!

      Cuando llegó a la universidad estaban todos, incluso Marlon -Nathan le había rebautizado como "el Ironías", por su dudoso sentido del humor-, que no solía aparecer hasta que la clase empezaba. Julya hacía todo lo posible por ignorarle, a no ser que él hiciera algún comentario contra ella para picarla, entonces se limitaba a asentir y sonreí, demostrando que sus tonterías le importaban una mierda. No pienso molestarme, no le daré esa satisfacción.
      A pesar de todo, cada vez que abría la boca, ella fruncía los labios, impaciente, y se mordisqueaba el labio inferior por la frustración. ¡No le aguantaba!
      Las cuatro horas de clase se le hicieron eternas, aunque los tonteos que se traía con Alex durante los descansos las amenizaban mucho... Llevaban demasiado tiempo así, Julya estaba dispuesta a llegar más lejos con él, pero tener que esperar a que diera el paso la estaba poniendo frenética. Tengo que darle un empujoncito, pero ¿cómo? 
      Al volver a casa se dio cuenta de que precisamente estaban es San Valentín. Entonces se le ocurrió que podía mandarle un sms preguntándole si tenía novia; una clara indirecta que cualquier chico podía pillar...
       
      "Hola! Una preguntita: tienes novia?
      (O novio, nunca se sabe :P jajaja Es broma!)
      Me acabo de dar cuenta de que hoy es 14 de febrero xD
      Bss ;)"

      Un error... 
      Se pasó el resto de la tarde pendiente del móvil, no dejaba de mirarlo con temor, como si fuera a saltar encima de ella y morderla de un momento a otro.
      ¿Por qué tarda tanto? ¿Y si me he precipitado? ¿Y si he dado por sentado que no tiene novia cuando en realidad sí? ¡Dios! 
      Ya notaba la ansiedad en el centro del pecho, como una bola de hierro que le impedía respirar.

      martes, 22 de noviembre de 2011

      Jueves - 10

      Como siempre, Julya entró en clase a temprana hora de la mañana y ocupó el mismo sitio de todos los días. 
      En la universidad no había reglas, no había ningún manual que determinara lo que estaba o no permitido hacer. ¡Faltaría más! Ya no somos niños. 
      Los alumnos se respetaban unos a otros, así como el asiento que usaban. A Julya le gustaba comprobar que, los días que llegaba algo más apurada, su mesa la esperaba totalmente libre.
      La puerta se volvió a abrir. Ella levantó un segundo la vista del libro y observó en silencio. Alex entró con su andar tan característico: cansado; como si soportara un peso que nadie pudiera ver. Saludó levantando un poco la barbilla y se tumbó sobre su mesa, estirando los brazos hacia el respaldo del asiento de July. Ella se estremeció de frío al verle vestido con una simple camiseta de manga corta.
      ¿Tienes las manos frías? —preguntó sin mirarla, con la cara pegada a la mesa de aglomerado.
      Sí, claro respondió como si tal cosa.
      Trae. 
      Abrió las manos y se las ofreció, ella las aceptó sin dudarlo. Una tímida sonrisa asomó a los labios de Julya. ¡Es un cielo!
      —Es verdad que siempre estás fría —comentó al mismo tiempo que la miraba a los ojos.
      Ya lo sabes...
      Cuando notó que las manos de Alex iban perdiendo calor, ascendió lentamente por los brazos. ¡Vaya músculos! =^^= Resultaba un poco incómodo estar así, sin hablar. Así que July terminó por apartarse y sentarse en su sitio.
      —¡Gracias! —Y sonrió. 
      Casi al instante notó cómo las puntas de los dedos se enfriaban. 
      —Pocos chicos se dejan tocar porque siempre estoy helada. Normalmente protestan en cuanto les rozo, pero tú no... ¿Por qué?
      —Soy lo contrario a ti: siempre tengo calor. Mi temperatura corporal tiene un grado más de lo normal.
      —De ahí que vayas en camiseta aunque sea invierno, ¿no?
      Alex asintió y luego esbozó una sonrisa.
      —Por eso me vienen bien tus manos.
      En ese momento llegaron sus amigos. Se fueron saludando y ella se levantó para dejarles pasar y ocupar los sitios contiguos al suyo -Xavier, Chris y Nathan, respectivamente-. Por último quedó Andrew, que se sentó a su derecha.
      También vio llegar a Marlon, el inseparable compañero de Lex. July no lo soportaba, no podía ni verlo. Era arrogante, hipócrita, estúpido y feo, lo tenía todo; lo único "bonito" era su apellido. Lovely... Qué ironía.
      Así que prefirió centrarse en unas vistas más interesantes, como la pizarra. Abrió su cuaderno, se apoyó en el respaldo y cruzó las piernas. Al instante sintió una leve punzada: un pinchacito pequeño, pero doloroso, en el cuello. Se llevó una mano a la nuca y miró hacia atrás. Alexander rió, juguetón, y le sacó la lengua. Volvió a pincharla con el portaminas en la mano.
      —¡Quita! —exclamó ella en un susurro. Aunque luego sonrió, coqueta.
      Esa clase de juegos no eran nuevos para ella... pero tampoco estaba acostumbrada a ellos. Al contrario, normalmente no solía congeniar con nadie tan rápido.
      Sin embargo, sus ojos se toparon con el despreciable rostro de Marlon, que mostraba una sonrisa bobalicona. Julya suspiró, ahogando un bufido, y se dio la vuelta. Procuró no distraerse en ningún momento más, no fuera a toparse otra vez con la cara del orco.

      miércoles, 16 de noviembre de 2011

      Sábado - 29

      Julya llamó al timbre e inmediatamente oyó ladridos al otro lado de la puerta. Su amiga Sharon abrió, pero su pastor alemán pasó primero. Giró un par de veces a su alrededor, olisqueándola. July alargó una mano para acariciarlo, pero el animal se apartó, temeroso, y regresó a su cama, donde se enroscó como un ovillo; aunque no dejó de observarlas.
      July se encogió de hombros, sin darle la menor importancia. Siempre tan cobarde...
      —¡Hola! —saludó dando un par de besos. ¿Ya estáis todas?
      —Sí. Llevamos ya un rato con la guitarra.
      —¡Ah, guay! ¿Cuándo me toca?
      —Laure ya está terminando.
      July dejó el bolso sobre la mesa del salón y se deshizo del abrigo, que colgó en el respaldo de una de las sillas. Luego se sentó en el sillón que quedaba libre y vio cómo su amiga tocaba. Tiene tan poco salero que dan ganas de darle una colleja ^^U
      Al cabo de unos minutos, July se puso en pie, cogió la guitarra y se colocó la correa alrededor de los hombros. Sharon fue pasando la lista de canciones: casi todas ya las habían tocado, aunque ella se dio cuenta de que todavía quedaban un par sin entrenar.
      —¡Esa! La que acabas de pasar.
      —¿Lista? Y apretó la X del mando.
      Julya era buena con los videojuegos, aunque tardaba un rato hasta que se habituaba a los nuevos. Sobretodo si no se utilizaba un mando, sino una guitarra... ¡Vamos allá!
      Los colores fueron descendiendo por la pantalla y July los acertaba casi todos. Sonrió. Había tenido buen ojo al escoger una canción que no era muy complicada.  
      La música sonó con fuerza y buen ritmo. July se meneó, siguiendo las notas, y dándole efectos a los agudos y graves, ya fuera saltando o descendiendo hasta el suelo. Contagiadas, las chicas se balancearon a la vez, formando una cadena de un lado al otro del sofá. 
      Se fijó en la televisión: los fans empezaban a sacar sus mecheros. ¡Mola! ¡Les ha gustado! Quedaba poco para terminar.
      —¡Toma! —exclamó Sharon. ¡94% de aciertos!
      —Casi, casi... —July sonrió, satisfecha, y le pasó la guitarra a Sam. Notó que ésta le dedicaba una extraña mirada. 
      La suerte del principiante...
      —¿Qué?
      —Nada.
      Julya la ignoró y se sentó en uno de los sillones. Estaba perpleja. Sólo era un juego, tocaban para divertirse, no era una competición. Todas lo sabían y no entendía a qué venían esas palabras tan secas de Sam.
      Por otro lado, Laure resopló: parecía cansada.
      —¿Y si cambiamos de juego?
      —¿Os apetece el Mario Kart?
      —¡Vale! —dijeron todas a la vez.
      Jugaron por parejas. ¡Fue muy divertido! Se ponían trampas unas a otras para escalar puestos en la carrera, algunas terminaban estrelladas o salían despedidas fuera del camino.
      Pero Laure era, con diferencia, la peor de todas. Apenas conseguía quedar la penúltima y su muñequito siempre lloraba desconsolado y dando golpes.
      —¡Esto es una mierda! —se quejó Laure. Mi volante no funciona.
      Todas las miradas se centraron en ella.
      —La culpa no es del mando. Cuando nos toca jugar a Sharon y a mí, funciona perfectamente... —replicó Samantha, tratando de sonar amable.
      Tanto Julya como Sharon asintieron.
      —El problema es que lo coges mal. Cuando haces un giro, lo haces muy exagerado y le das demasiada fuerza, por eso pierdes el control y acabas estrellándote —apuntó July. ¡Deberías imaginar que conduces un coche de verdad!
      Laure bufó y tiró el mando al suelo, enfadada.
      —¡Eh, tranquila! —gritó Sam. ¡No te lo cargues! ¡No tiene la culpa de que no sepas conducir!
      Ese comentario fue la gota que colmó el vaso de Laure, quien se puso en pie como un resorte. Esquivó el corrillo que habían formando alrededor de la tele y fue a coger su abrigo.
      —¿Te vas? —preguntó Sharon, perpleja. ¡Laure! ¡No te enfades!
      —No es para tanto... —añadió July. Ya verás como en la siguiente ronda lo haces mejor.
      —O podemos cambiar de juego.
      Da igual lo que dijeran, Laure no iba a cambiar de opinión. Dio un beso a Sharon, que había ido tras ella, y no se molestó en despedirse de las demás. Cerró la puerta con fuerza y la casa quedó en completo silencio.
      —¿Qué le pasa? July estaba a cuadros. Yo alucino con la peña.
      —¿Tan mal se lo ha tomado?
      —Allá ella... —murmuró Samantha. Se comporta como una niña pequeña.
      A pesar de todo, sus ánimos quedaron por los suelos y se les quitaron las ganas de seguir jugando. Al final decidieron cenar mientras veían una peli.
      —¡Quiero ver "Buscando a Nemo"! —pidió Sharon, dando saltos.
      Otra vez Buscando al Memo... Sam y July se miraron de reojo. A ninguna nos apetece... Pero estamos en su casa.
      —Vale —dijo Sam tras el breve silencio. ¡Pero la próxima vez elegimos nosotras!

      Fuera empezó a llover y las gotas repiqueteaban con fuerza contra la persiana. Comieron pizza, coca-cola y palomitas.  Ninguna imaginaba que sería la última vez que las tres amigas se reunirían para compartir una tranquila tarde de no-hacer-nada.

      martes, 15 de noviembre de 2011

      Miércoles - 26

      Julya tenía una capacidad de concentración muy peculiar: disfrutaba de vista y oídos selectivos. Había aprendido a omitir todo aquello que no deseaba, ya fueran vistas desagradables -como antiguos compañeros de colegio con los que no hizo buenas migas- y ruidos molestos, entre muchas cosas... De hecho, aprovechaba esa capacidad para aislarse de todo el mundo en cuanto abría un libro.
      —¡Llámale!
      July levantó la vista al instante y miró a su izquierda: Chris estaba de pie junto a ella. ¿Qué pasa?  
      Interesada por el tira y afloja entre sus dos compañeros, la joven puso el punto de lectura y dejó el libro sobre la mesa. Apoyó un brazo en su respaldo y los observó en silencio.
      —¡Vamos, Xavier, llámale! —pidió Chris, entre divertido y frustrado.
      —¡Hazlo tú! jajaja
      La risa de Xavier era corta y seca, muy rara en él. Aunque era un chico al que le gustaba mucho sonreír, no era muy aficionado a las carcajadas. 

      En realidad era un muchacho sociable, un "relaciones públicas" -aunque todo dentro de la formalidad porque, en realidad, nadie sabía mucho sobre él. No le gustaba llamar la atención ni contar nada sobre su vida.- y prácticamente conocía a media clase, lo cual era tarea casi imposible. 
      Por el contrario, Chris era un chico reservado, callado la mayor parte del tiempo... Al menos hasta que cogía confianza y empezaba a mostrarse como un chico divertido y juguetón al que le gustaba pinchar a los demás y la juerga los fines de semana.
      —Vale... —El susurró de Chris fue de auténtica derrota. Ya se lo pido yo. Dime cómo se llama.
      Entonces Julya cayó en la cuenta: Chris quería perdirle algún favor a "el chico", pero no tenía el valor suficiente para hablar directamente con él y necesitaba a Xavier de intermediario.
      El interés de July subió como la espuma. ¡Qué buena oportunidad para saber cómo se llama! Así no tendré que preguntárselo yo sin venir a cuento... 
      Vio a Xavier esbozar una sonrisa fugaz y traviesa.
      —Se llama Anthony.
      Sí, claro. Y voy yo y me lo creo.
      —¡Eh! ¡Anthony!
      El chico, que hablaba con otro, ni se inmutó. Siguió con su charla como si tal cosa. 
      Lo sabía... 
      Xavier volvió a soltar su peculiar carcajada.
      —No, venga. Lo llaman Justin.
      —¡Justin!
      Más de lo mismo...
      En vista de que Xavier le estaba vacilando y no tenía la menor intención de decirle el nombre. Probablemente porque él tampoco lo sabe... Chris empezó a decir todos los que le venían a la cabeza con la esperanza de acertar.
      —¡Evan! ¡Donald! ¡John! ¡George! ¡Albert! ¡Danny!
      El chico, que regresaba al sitio que había elegido justo detrás de Julya, se lo quedó mirando. 
      —¿Pero qué dices? —preguntó, alzando una ceja y mirándole como si estuviera loco.
      Al final Chris cogió aire.
      —¡No sé cómo te llamas!
      —Alexander.
      Julya empezó a reírse al mismo tiempo que se palmeaba una de las piernas.
      —¡No has acertado ni uno!
      Chris enrojeció un poco, lo justo para que todos los demás se sonrieran. Al final, con lo cortado que era, olvidó qué quería pedirle y se sentó. En situaciones así, su móvil era el mejor amigo del mundo y lo sacó al instante para perderse en él.
      Alex, que no estaba muy seguro de lo que pasaba, se encogió de hombros, abrió su coca-cola matutina y luego tomó asiento.
      No tardó mucho en regresar la calma propia que solía haber a las nueve de la mañana: ideal para pensar.

      Alexander... Julya le observó de reojo y poco la faltó para ronronear como un gato satisfecho. Me gusta.