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miércoles, 23 de mayo de 2012

Viernes 6

A pesar de ser casi las once de la mañana, el calor veraniego empezaba a apretar. ¡No quería ni imaginar cómo sería en pleno julio!
Julya se vistió con un pantalones piratas blancos y los combinó con una camiseta cuello barco de color rojo. Se ató las sandalias de cuña y diriguió sus resonantes pasos hacia el coche.

Nada más entrar en el aulario y subir las escaleras, July vio a Xavier reunido con su grupo habitual de empollones. Ni Chris ni Andrew estaban todavía. 
Saludó con un gesto de la mano y, a pesar del ruido que hacían sus sandalias, Xavier se sobresaltó cuando se puso a su lado y le tocó con un dedo.
—¡Dios! ¡Qué susto!
—Tranquilo… —July alzó una ceja, extrañada—. Pareces nervioso.
—Lo estoy. ¡Es el dichoso examen!
De todas maneras, Julya no terminó de tragarse su excusa. Nathan ya le había advertido que Xavier era un tanto especialito porque no soportaba que la gente lo tocara y odiaba los abrazos.
Hacía un tiempo pensó en ponerlo a prueba, pero resultó que ya no hacía falta; acababa de demostrarlo sin querer. Este es más raro de lo que creía… 

Al regresar al presente, July descubrió que Alex había aparecido y, como era de esperar, había corrido hasta su amiguito, Rober. Ella meneó la cabeza ante su falta de educación, ni siquiera saludó al grupo.
Julya se sobresaltó al sentir unas manos apoyarse en sus hombros. Sonrió de alegría al darse la vuelta y encontrarse con Andrew y Chris.
—¡Holaaaa! —canturreó mientras hincaba el dedo en la mejilla de Chris—. Te has afeitado —observó, acariciando con la yema de los dedos.
Luego se volvió hacia Andy.
—¿Qué tal con tu novia? ¿Aprobará matemáticas?
El chico elevó los ojos al cielo. Era evidente que no había nada que hacer.
—Ni siquiera le salen las integrales más facilitas…
Caso perdido, sentenció July.
—Dice que no explico bien, pero si no le sale lo básico, pues… —se encogió de hombros.
—¡Habría que verte explicando! —dijo Chris para pinchar, pero el otro ni se inmutó; en su lugar cambió de tema.
—¡Me he bajado una peli aluciante! ¡Es mi favorita!
—¿Cuál? —preguntaron los otros al unísono.
—No creo que la conozcais, es japonesa. ¡Tiene una música increíble!
—Conociendote, seguro que te sabes los diálogos, ¡jaja! —comentó July con una risotada.
—No, no hay diálogos.
—¿Qué es? ¿Muda? —Chris y Julya intercambiaron miradas—. Pues vaya…
—No, es un musical de canciones tecno.
—Ahhhhh.
Hubo unos segundos de incómodo silencio, roto por el murmullo del resto de alumnos que esperaban para hacer el examen.
De repente, Andy se inclinó sobre July e intentó agarrar en un puño su estómago. No lo consiguió y lo único que logró fue hacerle daño y sorprenderla con un susto.
—¿¡Qué haces!?
—Ves, a ella sí podría hacerlo —dijo, hablando con Chris.
—¿El qué? —preguntó July, un tanto desorientada al verse en medio de una antigua conversación entre ambos.
—Sacarte los intestinos.
—¿Qué? —La chica sonrió, divertida. Cualquiera se habría escandalizado al oírlo, pero ella estaba acostumbrada a esas salidas extrañas por parte de Andrew.
—Sí, verás. A él no puedo, porque tiene barriga y la grasa me frenaría.
Te está llamando gordo por toda la cara... July miró de reojo a Chris, pero este no parecía ofendido, sino interesado.
—… pero contigo es lo contrario. —Hizo el amago de repetir lo de antes, pero July se apartó, entre risas, con un salto.
—¡Tú no me vuelves a pillar!
Al alejarse de Andy, July vio de soslayo que Alex no le quitaba el ojo de encima, lo cual le molestó.
—Si quisiera —continuó el chico—, podría atravesarte el abdomen con mi puño porque no tiene nada de grasa.
Gracias por el cumplido… Creo.
—… y podría tirar de tus intestinos hasta sacarlos.
Andrew hizo el gesto como si enrrollara una cuerda. Julya se imaginó la carne rosada y sanguinolenta saliendo de su cuerpo… Qué asco.
Mientras Andy seguía con su pantomima, ella volvió a mirar por el rabillo del ojo y comprobó que Alex observaba la escena con el ceño fruncido.
¿Y tú qué miras? Odiaba que la vigilara, que no le quitara el ojo de encima. ¿A qué venía esa actitud? Le daban ganas de acercarse con los tacones rompiendo el suelo. ¡Clak, clak, clak! Y encararse a él. ¡Déjame en paz!
Pero no fue necesario. El profesor salió del aula para empezar a pasar lista. El nubarrón de alumnos lo rodeó formando un cerco inquebrantable.
Julya sacó su carné y esperó junto a sus amigos. Alex pasó a su lado, ignorándola de nuevo, buscando recovecos por donde colarse para estar más cerca de la puerta. Ella le fulminó con la mirada.

July encendió la luz del pasillo para ver el número y lo cogió al sonar el segundo toque.
—Hola, ¿alguna novedad? —preguntó directamente. Cada vez que Samantha la llamaba era para contarle los nuevos chismorreos.
—La verdad es que no… —dijo Sam—. Llamaba por un favor. ¿Tienes el ordenador encendido?
—Sí, ¿qué necesitas?
—Metete en la red con mi cuenta y escríbele un par de privados a Roby.
Julya tecleó el correo electrónico de su amiga y la contraseña.
—Es fácil de recordar… Bueno, ¿qué quieres que le diga?
—Pásale las dos conversaciones que tengo guardadas.
—Voy. —Seleccionar, copiar, pegar—. ¿Para qué las quiere si ya le has hablado del “caso Sharon”?
—Quiere comprobarlo él mismo, aún no se lo cree.
—¿El qué no cree?
—Para empezar lo de la "filosofía de Sharon"...
—Todo depende de cómo se lo hayas explicado.
—Creo que he sido bastante clara. Le he dicho que Sharon nunca quiere salir con ningún chico, tan sólo va a las discotecas para morrearse con el primero que pilla y luego cuando ellos le piden el messenger o algo, sale huyendo. —Literalmente. ¡Se esconde detrás de ti!
Sam guardó silencio un momento.
—Ahora que lo pienso, ¡es una calientabraguetas!
—No sólo eso. También va predicando que está muy bien sola y no quiere a nadie. Les dice a las niñas con las que va a baile que no tengan novio y se líen con todos los que pueda. ¡La filosofía de Sharon!  
¡Chan, chan, chan!
—¡Es verdad! ¡Joder con la monjita! —exclamó Sam, un tanto indignada.
—Cualquiera que la oyera, pensaría que le han roto el corazón y ahora actúa así por despecho.
—Pero si no ha salido nunca con nadie...
—¿Y qué piensa Roby de todo esto? —preguntó Jul.
—Está un poco desilusionado.
—Pobre… me da pena.
—A mí también, pero debería saberlo. Le he mostrado las dos caras de la moneda.
—A ver qué te cuenta mañana. —Con un último clic, terminó de enviar el segundo mensaje—. ¡Ya está!
—¿Y qué tal tu día? —preguntó Sam.
—Pff. Mal…
—¿Por qué?
—Hoy tenía el dichoso examen y no me ha salido tan bien como me gustaría... Tendría que haber estudiado mucho más, pero no lo hice. —July se reclinó en la silla, lo que provocó un crujido—. Mi conciencia está dando un poco por saco, eso es todo.
—Mmmm
—Mañana he quedado con este chico, ¿te quieres venir? Me ha dicho que me lleve a quien quiera.
—¡Vale!
July dejó de hacer ruido con la silla y apoyó los codos en la mesa, prestando atención.
—¿De verdad?
—Sí.
Julya alzó las cejas, extrañada. No esperaba esa respuesta. Sam había dicho tantas veces que no podía quedarse mucho porque tenía que estudiar, que ahora la dejaba desconcertada.
—¿Acaso sabes con quien he quedado?
—Con Erik, ¿no?
—¿Cuándo te lo he dicho? —July frunció el ceño, pensativa.
—Comentaste que a lo mejor quedabas con él.
—Ah… Pues va al expomanga, así que le conocerás.
—¿Viene con nosotras?
—No lo creo. Irá con Alex y supongo que con más amigos. —Se levantó y fue a coger las pinzas de depilar. Se puso delante del espejo del baño y empezó a inspeccionar sus cejas—. ¿No querías ver a Lex en persona?
—Sí.
—A ver si nos lo cruzamos… Y verás que lo que tiene de macizo también de tonto. Aunque eso no se aprecia a simple vista.
—¡Hala, tía!
—¿Qué?
—No te pases.
—¿Por qué no? Tengo razón.
—Ya, pero… —Luego regresó al tema de siempre—. ¿Sabes? Hoy en el bus he fingido que tenía una conversación con Sharon. ¡Le he dicho de todo menos bonita!
—¡Te habrás quedado a gusto! Menos mal que no era la de verdad.
Julya sonrió, divertida, y de repente se quedó petrificada.
Sonará estúpido, pero se quedó muy sorprendida al ver su reflejo. Jamás se había visto riendo -sólo su sonrisa congelada en las fotos-, y le cautivó el efecto que provocaba su sonrisa. Realmente era muy bonita, ahora entendía que Mike se hubiera fijado en ella.
—¿Me estás escuchando?
—¿Qué?
—He dicho que me he hecho una pequeña lista con los temas más importantes cuando hablemos con ella.
—Podrías enseñármela…
—Intentaré pasártela por mensaje. —Se escuchó un revoloteo de papeles—. ¡Si la encuentro, ja!
July también rió, aunque esta vez con poco ánimo.
—Venga, apaga ya que vamos a cenar —le ordenó su madre al pasar junto a su habitación.
—Oye, te tengo que dejar. Vamos a cenar.
—¿Tan pronto?
—Sí, es por mi padre. Ya sabes, sus cosas. Mañana hablamos, ¿va?
—Vale. Hasta mañanaaaa.
—¡Chao!
Dejó el teléfono a un lado y empezó a cerrar todas las pestañas.
—Hay poca gente a estas horas… —comentó en un murmullo.
—Aparecerán a las diez u once, como los vampiros —escuchó a sus espaldas.
Julya esbozó una sonrisa ante el comentario de su madre. Cuando el ordenador se apagó emitiendo un último zumbido, pulsó el interruptor y la habitación se sumió en penumbras.

3 comentarios:

silvia dijo...

Me encantan los personajes de la historia! !!
Gracias por tu recomendacion tu blog esta muy bien! !

T e sigo:)
Besos!!!

Nuemiel dijo...

Gracias por leer, wapa!
Muy pocos valoran a Julya y sus amigos ^^U
Saludos ;)

mientrasleo dijo...

No te haces una idea de lo bien que me lo paso con July!!
Besos