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martes, 21 de junio de 2016

El viejo y el mar



  • Autor: Ernest Hemingway
  • ISBN: 978-84-8966-9604
  • Editorial El País
  • Año: 2002
  • 143 págs.
  • Precio: 2€



En Cuba, un viejo pescador en el crepúsculo de su vida, pobre y sin suerte, cansado de regresar cada día sin pesca, emprende una última y arriesgada travesía. Cuando al fin logre dar con una gran pieza, tendrá que luchar contra ella incansablemente. Con el acoso de los elementos y los tiburones, se convierte en una última prueba. Como un rey mendigo, aureolado por su imbatible dignidad, el viejo pescador culmina finalmente su destino.



De verdad, no sé qué decir de este libro. Lo empecé con muchas ganas porque decían que era una historia preciosa y conmovedora... Y será que yo soy de piedra porque no me he sentido así en ningún momento. Es el primer contacto que he tenido con este famoso escritor y lo cierto es que no ha sido para nada lo que yo esperaba. Así que buscaré otro de sus libros que sí logre cautivarme porque me niego a quedarme con esta sensación de indiferencia.

El viejo y el mar muestra una historia extremadamente sencilla (demasiado sencilla) Emplea un estilo y un vocabulario muy simple, aunque se me escapaban algunos de los tecnicismos sobre la pesca. Las conversaciones, pensamientos y descripciones se suceden de forma continua. No existen capítulos porque es un relato corto lineal que, de principio a fin, no cuenta con un sólo salto de página.

El anciano es un personaje muy agradable, siempre con una palabra amable para sus vecinos a pesar de que se burlan de él. Es un hombre cansado y un tanto decepcionado con la suerte que ha tenido en la vida, pero no se rinde y vuelve a zarpar en su barquita. Es admirable su fortaleza y tesón, aún más cuando se encuentra con el monstruoso pez y empieza la mayor lucha de su vida.

Hasta este punto el libro fue bastante interesante, pero a partir de aquí se me hizo cuesta arriba. Las constantes conversaciones que tenía el anciano consigo mismo, o con el pez, al final acababan contando todo el rato de lo mismo. Es decir, dos terceras partes del libro me parecieron densas y repetitivas. Como consecuencia toda la ternura que me inspiró el viejo al principio de la historia se evaporó y sólo me dejó una profunda desgana. Suerte que es un librillo corto que se lee en un suspiro.

Saludos ;)