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miércoles, 23 de mayo de 2012

Viernes 6

A pesar de ser casi las once de la mañana, el calor veraniego empezaba a apretar. ¡No quería ni imaginar cómo sería en pleno julio!
Julya se vistió con un pantalones piratas blancos y los combinó con una camiseta cuello barco de color rojo. Se ató las sandalias de cuña y diriguió sus resonantes pasos hacia el coche.

Nada más entrar en el aulario y subir las escaleras, July vio a Xavier reunido con su grupo habitual de empollones. Ni Chris ni Andrew estaban todavía. 
Saludó con un gesto de la mano y, a pesar del ruido que hacían sus sandalias, Xavier se sobresaltó cuando se puso a su lado y le tocó con un dedo.
—¡Dios! ¡Qué susto!
—Tranquilo… —July alzó una ceja, extrañada—. Pareces nervioso.
—Lo estoy. ¡Es el dichoso examen!
De todas maneras, Julya no terminó de tragarse su excusa. Nathan ya le había advertido que Xavier era un tanto especialito porque no soportaba que la gente lo tocara y odiaba los abrazos.
Hacía un tiempo pensó en ponerlo a prueba, pero resultó que ya no hacía falta; acababa de demostrarlo sin querer. Este es más raro de lo que creía… 

miércoles, 16 de mayo de 2012

Jueves 5

Mientras el ordenador se iniciaba, Julya se cambió de ropa y se puso uno de los chandal que tenía para estar por casa.
La pantalla le mostró la imagen de planetas gigantescos rodeados de brillantes estrellas que tenía como fondo de escritorio. 
No me convence, tengo que cambiarlo…
Inició la página principal de la red social. Echó un vistazo rápido y vio que había pocas personas conectadas.  
No merece la pena hablar con ninguna de ellas.
La silla crujió cuando se apartó del teclado y se puso en pie. Se dirigió al baño, sacó de un cajón algodón, el desmaquillador y la cajita para las lentillas. Mientas hacía su rutinaria limpieza de cara, escuchaba la música que sonaba en la radio.  
Esta canción me gusta, ¿de quién será? Estoy harta de que no digan el nombre ni el artista… Si son novedades, es lógico que no sepa cómo se llaman. Creerán que tengo una bola de cristal, o algo.
July miró el algodón que tenía en la mano, con el color del maquillaje y negro del rímel.
Cuanto tiempo y trabajo desperdiciados… Mañana sólo usaré el rimel.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Miércoles 4

Julya no durmió bien aquella noche, la música de la discoteca no dejaba de retumbar en sus oídos. Bum, bum, bum. Era horroroso, no quería ni imaginarse cómo era tener resaca.
Alrededor de las 8 de la mañana se levantó y, sin hacer ruido para no molestar a su familia, cerró la puerta de su habitación y encendió el ordenador; el ventilador rugió con su característico bufido. Casi como una autómata, cargó la página principal de la red.
—Pff... Es demasiado pronto para que haya nadie. Aunque podría... No. No hay nada —murmuró entre dientes. Tenía por costumbre pensar en voz alta, lo cual provocaba miradas taciturnas de su madre, quien pensaba que hablaba sola.
Julya bostezó. ¿Cómo se llamaba ese chico tan grande? mmm... Lo había olvidado. Pero, por suerte, sí sabía de quién era amigo. Se metió en el perfil de Roby y empezó a buscar entre sus contactos, ¡pero era imposible! No recordaba su nombre, no sabía la edad y que las imagenes de perfil aparecieran borrorosas no ayudaban en nada.
—Tengo que esperar a que cuelguen las fotos de anoche y le etiqueten... ¡Van a tardar una eternidad!
Yo quiero cotillear ahoraaa. Tengo curiosidad.
Dejó caer la cabeza sobre la mesa con un seco pom

sábado, 5 de mayo de 2012

Martes 3

Ya habían empezado las fiestas. Las calles cercanas a la plaza estaban atestadas de gente y puestecillos de comida, bebida y demás objetos artesanales. El ambiente era dulce, salado, agrio y muy pegajoso. A Julya no le gustaban los sitios así, pero habían quedado allí con los amigos de Samantha del instituto.
—Es un poco pronto para esperarles en el metro, ¿damos una vuelta por la feria?
—Me parece lo mejor —se limitó a decir Julya.
Vagabundearon entre los puestos, esquivando personas, perros y carritos de bebé que se quedaban atascados en mitad de la calle, formando un tapón que ni el Cillit Bang sería capaz de quitar.
Había un puesto que llamó la atención de Julya. Tenía toda clase de abalorios y objetos "mágicos": tréboles de cuatro hojas, ranas, tortugas, brujillas, ojos de gato, manos de fátima... Ella no creía en la fortuna, pero le gustaba coleccionar cosas que pudiera llevar en el llavero.