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miércoles, 23 de mayo de 2012

Viernes 6

A pesar de ser casi las once de la mañana, el calor veraniego empezaba a apretar. ¡No quería ni imaginar cómo sería en pleno julio!
Julya se vistió con un pantalones piratas blancos y los combinó con una camiseta cuello barco de color rojo. Se ató las sandalias de cuña y diriguió sus resonantes pasos hacia el coche.

Nada más entrar en el aulario y subir las escaleras, July vio a Xavier reunido con su grupo habitual de empollones. Ni Chris ni Andrew estaban todavía. 
Saludó con un gesto de la mano y, a pesar del ruido que hacían sus sandalias, Xavier se sobresaltó cuando se puso a su lado y le tocó con un dedo.
—¡Dios! ¡Qué susto!
—Tranquilo… —July alzó una ceja, extrañada—. Pareces nervioso.
—Lo estoy. ¡Es el dichoso examen!
De todas maneras, Julya no terminó de tragarse su excusa. Nathan ya le había advertido que Xavier era un tanto especialito porque no soportaba que la gente lo tocara y odiaba los abrazos.
Hacía un tiempo pensó en ponerlo a prueba, pero resultó que ya no hacía falta; acababa de demostrarlo sin querer. Este es más raro de lo que creía… 

miércoles, 16 de mayo de 2012

Jueves 5

Mientras el ordenador se iniciaba, Julya se cambió de ropa y se puso uno de los chandal que tenía para estar por casa.
La pantalla le mostró la imagen de planetas gigantescos rodeados de brillantes estrellas que tenía como fondo de escritorio. 
No me convence, tengo que cambiarlo…
Inició la página principal de la red social. Echó un vistazo rápido y vio que había pocas personas conectadas.  
No merece la pena hablar con ninguna de ellas.
La silla crujió cuando se apartó del teclado y se puso en pie. Se dirigió al baño, sacó de un cajón algodón, el desmaquillador y la cajita para las lentillas. Mientas hacía su rutinaria limpieza de cara, escuchaba la música que sonaba en la radio.  
Esta canción me gusta, ¿de quién será? Estoy harta de que no digan el nombre ni el artista… Si son novedades, es lógico que no sepa cómo se llaman. Creerán que tengo una bola de cristal, o algo.
July miró el algodón que tenía en la mano, con el color del maquillaje y negro del rímel.
Cuanto tiempo y trabajo desperdiciados… Mañana sólo usaré el rimel.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Miércoles 4

Julya no durmió bien aquella noche, la música de la discoteca no dejaba de retumbar en sus oídos. Bum, bum, bum. Era horroroso, no quería ni imaginarse cómo era tener resaca.
Alrededor de las 8 de la mañana se levantó y, sin hacer ruido para no molestar a su familia, cerró la puerta de su habitación y encendió el ordenador; el ventilador rugió con su característico bufido. Casi como una autómata, cargó la página principal de la red.
—Pff... Es demasiado pronto para que haya nadie. Aunque podría... No. No hay nada —murmuró entre dientes. Tenía por costumbre pensar en voz alta, lo cual provocaba miradas taciturnas de su madre, quien pensaba que hablaba sola.
Julya bostezó. ¿Cómo se llamaba ese chico tan grande? mmm... Lo había olvidado. Pero, por suerte, sí sabía de quién era amigo. Se metió en el perfil de Roby y empezó a buscar entre sus contactos, ¡pero era imposible! No recordaba su nombre, no sabía la edad y que las imagenes de perfil aparecieran borrorosas no ayudaban en nada.
—Tengo que esperar a que cuelguen las fotos de anoche y le etiqueten... ¡Van a tardar una eternidad!
Yo quiero cotillear ahoraaa. Tengo curiosidad.
Dejó caer la cabeza sobre la mesa con un seco pom

sábado, 5 de mayo de 2012

Martes 3

Ya habían empezado las fiestas. Las calles cercanas a la plaza estaban atestadas de gente y puestecillos de comida, bebida y demás objetos artesanales. El ambiente era dulce, salado, agrio y muy pegajoso. A Julya no le gustaban los sitios así, pero habían quedado allí con los amigos de Samantha del instituto.
—Es un poco pronto para esperarles en el metro, ¿damos una vuelta por la feria?
—Me parece lo mejor —se limitó a decir Julya.
Vagabundearon entre los puestos, esquivando personas, perros y carritos de bebé que se quedaban atascados en mitad de la calle, formando un tapón que ni el Cillit Bang sería capaz de quitar.
Había un puesto que llamó la atención de Julya. Tenía toda clase de abalorios y objetos "mágicos": tréboles de cuatro hojas, ranas, tortugas, brujillas, ojos de gato, manos de fátima... Ella no creía en la fortuna, pero le gustaba coleccionar cosas que pudiera llevar en el llavero.

jueves, 22 de marzo de 2012

Viernes 29

Julya se quitó los tacones en cuanto llegó a casa y empezó a subir las escaleras sin hacer el menor ruido. Todo estaba a oscuras y en silencio. De repente se escuchó un resbalón y un tropiezo sordo.
—¡Shhh! —protestó July—. No queremos que nadie nos oiga.
—Lo siento…
La chica le cogió la mano y fueron subiendo pasito a pasito sin hacer ruido. Una vez arriba se metieron en el vestidor, cerraron la puerta y encendieron la luz.
—¿Qué hacemos aquí? —preguntó Alex con una sonrisa.
—Tengo que quitarme este vestido y cambiarme —dijo July mientras abría el armario, dándole la espalda.
—En eso puedo ayudarte.
La calidez de sus palabras acarició su nuca. Alex enroscó los brazos en torno a su cintura y la atrajo hacia él, inclinó la cabeza y deslizó los labios por su cuello, dibujando dulces besos en su piel. July se estremeció y sintió cómo el vello de los brazos se le erizaba.
—Aquí no. Tenemos que irnos, ¿recuerdas? —le reprochó, pero sonó muy poco convincente—. Vamos, ayúdame con la cremallera.
Alex sonrió con picardía. Cogió uno de los extremos de la cinta que rodeaba su cintura y tiró hasta deshacer el lazo rosa. Luego, con dedos hábiles, bajó la cremallera, dejando al descubierto su espalda. July dejó caer el vestido y este se deslizó hasta el suelo con la misma delicadeza que una flor de cerezo. Se dio la vuelta y con una sonrisa se abrazó a él.
—Este conjunto es nuevo —comentó Alex, deslizando las yemas de los dedos por su columna. Al final July levantó la cabeza, se puso de puntillas y le besó. Él apoyó las manos en sus caderas, atrayéndola, y ella le rodeó el cuello con los brazos. Se separaron un breve momento para recobrar el aliento. July se arrimó a su oído y…

Abrió los ojos de par en par. Estaba asustada y con el corazón en un puño. Miró en todas direcciones, el despertador continuaba pitando. July corrió a levantarse y lo apagó. Luego se volvió a tumbar sobre las sábanas deshechas. Dejó una mano sobre la frente sudorosa y con la otra se frotó los ojos. Lentamente los latidos regresaron a la normalidad.
—Buff —resopló y clavó la mirada en el techo—. Va a ser imposible quitármelo de la cabeza…
Estoy perdida. Cerró los ojos de nuevo.
—¿Y qué narices hacía con un vestido rosa?

viernes, 16 de marzo de 2012

Jueves - 28

Por la tarde, Julya quedó con sus amigas para ver una película que sólo estrenaban aquel día en el centro de la ciudad. Se trataba de una animación japonesa, ¡no podían perdersela!
El trayecto en metro fue tranquilo, Sam y Jul charlaron de las pocas novedades -aunque ella se abstuvo de comentar nada referente a Alex, ya que había comprobado que era un tema tabú desde hacía meses-. Sharon parecía algo más animada que de costumbre, tal vez porque iban a ver algo diferente... o tal vez por nada en particular. Se había convertido en misión imposible saber qué pensaba, y también se habían cansado de intentar comprenderla; si no se dejaba conocer, no iban a obligarla a hacerlo.

viernes, 9 de marzo de 2012

Miércoles - 27

Primera semana de examenes. Julya apenas había prestado atención a sus amigos ni al ordenador. Se había limitado a hincar los codos, rodeada de apuntes y mordisqueando las tapas de los fluorescentes. Pero tener que empollar durante horas, no había evitado que maquinara un inofensivo plan que llevaría a cabo al día siguiente: se encontraría con todos sus compañeros, incluído Alex, así que se vestiría y maquillaría para ir despampanante; quería darle celos, envidia, que lamentara haber desperdiciado la oportunidad de tener algo con ella.
No quería admitirlo, pero le daba rabia que el chico la hubiera escogido como rollito de un fin de semana, cuando era evidente que ella buscaba algo mucho más duradero.

A la mañana siguiente, sus tacones retumbaron por el pasillo. Cada paso provocaba que un par de chicos se giraran para mirarla, lo cual obligaba al resto del grupo a fijarse también en ella.
Para evitar buscar a Alexander con la mirada, y que su plan se fuera al traste, decidió dejar que él la guiara hasta donde se encontraba; en ocasiones era tan escandaloso, que era imposible no saber dónde estaba.
Julya sacó su móvil e hizo que estaba escribiendo un mensaje. Entonces escuchó una carcajada.
¡Te tengo!, pensó al mismo tiempo que una sonrisa se dibujaba en sus labios. Se dirigió a la fuente de las risas y, como si tal cosa, se paró frente a Jenny y a Alex.
Les saludó con su habitual encanto y, cuando hablaba, era todo sonrisas. Pero sus ojos no perdieron ni un sólo detalle del chico, quien la miró de arriba abajo en más de una ocasión. ¡Ja! ¿Cuántas radiografías piensas hacer? Aunque desgraciadamente, no supo qué pensamientos pasaron por la mente de Alex.
Al poco llegaron Nathan y Andy, así que Julya se despidió y entró en la clase junto a sus amigos.
—¡Qué guapa estás! —comentó Nathan con una sonrisa.
—¡Lo sé! —dijo ella en un tono cómplice. Al instante, su amigo miró de reojo al final de la clase, donde se había sentado Alexander.
—¿Es para darle cerlos?
—¡Sí! No se te escapa ni una, ¿eh?
—¡Ya tu sábe!
Y rieron a carcajadas. Cualquiera diría que en poco menos de cinco minutos iban a empezar uno de los difíciles examenes finales.

viernes, 2 de marzo de 2012

Miércoles - 6

Desde que Julya rompió su medio-rollo con Alex, se sentía totalmente liberada. Ya no tenía que preocuparse por ir con faldas cortas o pantalones ajustados, ni maquillarse o llevar tacones, por fin podía vestirse con la comodidad de antes porque ya no buscaba la atención de nadie. 
De hecho, desde hacía una semana, apenas se había cruzado con Alexander y estaba muy agradecida por ello.  Así sería más fácil borrarle de su mente. ¡Gracias universo!
Sin embargo, la vida estaba llena de casualidades. Esa mañana caminaba con una calma y sosiego envidiables hasta que, al entrar en el aulario, se encontró con Alex. Gracias universo... ¬_¬
—Hola.
¡Adiós!
¿Te vas? —Julya consultó el reloj. Pero si quedan diez minutos para que empiece la clase.
¡Sí! —Y lanzó una sonora carcajada al pasar a su lado.
Ella se giró y se lo quedó mirando. Estaba perpleja O_o
¿Vienes sólo para cinco minutos?
¡Sí! —Y volvió a reírse, pero esta vez con un tono que transmitía: lo sé, soy idiota.
Qué raro eres... —comentó ella, también disimulando con una risa cordial. Y qué gilipollas.
Y cada uno siguió su camino. Julya se alegró de que las cosas volvieran poco a poco a la normalidad.

jueves, 23 de febrero de 2012

Viernes - 1

Esa mañana, gracias a la poca decencia del despertador al quedarse sin pilas, Julya durmió hasta bien entrada la mañana. Como no llegaba a tiempo a la primera hora de fundamentos físicos, decidió no matarse con el coche e ir directamente a la segunda. 
Estaba sentada en uno de los duros bancos de madera que había en el amplio pasillo. Las máquinas expendedoras no dejaban de zumbar, irritándola. Sí, seguid así, ¡traidoras roba-donuts!
Volvió a consultar su reloj de pulsera: menos cuarto. Ahora sólo quedaba adivinar en qué momento le apetecería hacer el descanso al profesor. ¿Ahora, en punto, a y diez?
Perdida en sus pensamientos, escuchó la puerta de la clase abrirse y vio salir a una chica. Resuelta, Julya se levantó de un brinco y enfiló hacia la entrada. Para su horror, se dio de bruces con Alexander.  
¡Mierda! ¿Por qué me ocurre esto? Estas cosas sólo pasan en las comedias románticas y lacrimógenas. ¡No a mí! 
A pesar de todo, Julya se armó con su máscara de "poker face" y estaba decidida a entrar sin siquiera mirarle, pero...
—¡Hola! —saludó con una amplia y sincera sonrisa.
Ella se quedó totalmente a cuadros. Si no fuera por la férrea máscara, su cara habría sido un poema.
—Hola —correspondió ella con un cordial y educado saludo. ¿Qué le habrá picado a este?
Alexander la esquivó y fue derecho a la máquina de refrescos para conseguir su dosis de cafeína diaria.
Y para su alivio, ya no hubo más novedades en "el caso Alex" porque ambos se sentaron bien lejos y sin posibilidad de molestarse mutuamente.

viernes, 17 de febrero de 2012

Lunes - 28

Con todo lo ocurrido el viernes con Alex, Julya estaba muy nerviosa y apenas soportaba la idea de ir a la universidad. Por suerte tenía a Nathan a su lado, que la acompañaba como un guardián fuerte y fiel.
Al entrar en la clase, Nathan la condujo directamente al fondo, justo donde estaba Alexander. ¡No, por favor, no me hagas esto! 
Pero comprendió que era lo mejor para ella: era crucial aparentar una actitud completamente normal e indiferente, como si no hubiera ocurrido nada, y lo primero era sentarse en los mismos sitios de cada mañana.
Julya consiguió serenarse y se comportó como siempre; sencillamente siendo ella misma. Hablaba y comentaba, reía las bromas y también las hacía. 
Todo era normal, excepto Alexander. En cuanto ella se sentó -delante de él, como era habitual- recogió todo lo que tenía sobre la mesa a una velocidad asombrosa: hojas, cuadernos, bolígrafos, ¡hasta guardó el portátil en su funda de malas maneras!
Su amigo Rober le observó sin saber cómo reaccionar. Estaba claro que no quería marcharse, precisamente porque acababan de llegar a la universidad y no habían estado ni cinco minutos sentados. Sin embargo, era un chico con poca voluntad y se dejó arrastrar por el torbellino enérgico de Alex sin siquiera rechistar.
Por el camino, éste tiró a la papelera la coca-cola con tan mala leche, que la lata rebotó contra el fondo y resonó en la enorme aula como si hubiera sido un petardo. 
Todos se asustaron, incluso Alex y Rober; ninguno era consciente de la ¿rabia?, ¿furia? que realmente bullía en su interior.
Julya esbozó una sonrisa cuando los vio desaparecer. He ganado el primer asalto.

viernes, 10 de febrero de 2012

Sábado - 26

Por la tarde, Julya estaba hecha polvo. Navegaba por diferentes páginas de la red, perdiendo el tiempo en tonterías que no le sacaban ni una simple sonrisa.
En el facebook, Erik  empezó a hablar con ella. Julya se alegró muchísimo, pero la tristeza por su reciente... ¿ruptura? volvió a la carga y acabó, entre lágrimas, contándole todo a Erik. 

viernes, 3 de febrero de 2012

Viernes - 25

Esa mañana Julya se despertó con la firme intención de dejar las cosas claras con Alex; ¡no permitiría que jugara con ella ni un día más! 
El disgusto de verse ignorada y, en ocasiones, rechaza habían causado estragos en el aspecto de July, quien presentaba un rostro pálido que resultaba casi enfermizo. En apenas dos semanas había perdido cerca de cinco kilos: la ropa le quedaba demasiado holgada, incluso las faldas resbalaban por su cintura hasta caer al suelo, y si se miraba al espejo, era capaz de contar con precisión cada una de sus costillas. 
No estaba bien. La tensión de no saber cómo iba a encontrar a Alex -si la saludaría o se convertiría en un mueble más para él- la estaba devorando por dentro. Estaba segura que, de seguir por ese camino, acabaría muy mal. Y no estaba dispuesta a permitirlo.

Curiosamente, la selección de canciones que escuchó en la radio de camino a la universidad parecían dedicadas todas a ella: hablaban de mujeres que sufrían por la falta de cariño y atención, falta de amor... Mujeres que debían luchar y ser fuertes para liberarse de las ataduras de los hombres que no las respetaban ni querían; jamás se había sentido tan identificada. La música calma a las fieras y, en su situación, también había surtido efecto.
Sin embargo, nada más ver a Alexander, notó cómo el enfado prendía tan rápido como una cerilla. Al instante se le hinchó la vena del cuello, pero consiguió controlar un poco la voz para no delatar el alto grado de su ira.
—¡Hola! —saludó.
—Hola.
 Se mostró seca y distante, pero Alex no pareció darse cuenta. Los ojos de Julya repararon un momento en la bolsa gris que se balanceba lentamente en su hombro: de nuevo traía el portátil.
—Ayer querías hablarme de algo, ¿no?
Julya asintió y agradeció que fuera él quien sacara el tema. Había preparado durante toda la noche lo que iba a decir.
—¿Te pasa algo? ¿He hecho algo que te haya molestado? Es que últimamente estás distante conmigo... Bueno, con todos en realidad.
—¿Yo? Estoy normal —dijo con la mirada más inocente del mundo; cualquiera habría dicho que nunca había roto un plato. ¡¡Cómo odio esa mirada y que ponga cara de besugo!!. ¿Y quienes son "todos"?
No quería meter a nadie más en el asunto, pero tampoco le iba a mentir.
—Mis amigos. También me han preguntado si te ocurría algo, dicen que estás raro.
—¡Pues no! Sonrió. Y Marlon no me ha dicho nada de que estuviera raro...
—Me lo han preguntado "mis" amigos. ¡No los tuyos!
Se encogió de hombros y empezó a caminar hacia la clase.  
¡No, no, no! ¡La conversación no ha terminado, listillo!
—Mira, Alex. —Le cogió por el brazo y le obligó a mirarla: Tú me gustas. Mucho. Y creo que yo también te gusto, pero estoy harta de ir detrás de ti. Creo que si los dos ponemos de nuestra parte, lo nuestro puede funcionar...
—Ya te dije que sólo es un rollo.
—Cierto, y no lo discuto, pero tenemos que trabajar para que nuestro "rollo" crezca y se convierta en algo más. Y me da la sensación de que no es lo que quieres...
Alex guardó silencio, prestándole por primera vez toda su atención. El problema era que July ya lo había dicho todo, no tenía nada más que añadir.
—¿O es que sólo me quieres para acostarte conmigo? Como no lo conseguiste en el pueblo, eso explicaría que estas dos semanas pasaras de mí.
—¿Eso piensas?
—Es lo que tu actitud ha hecho que piense.
Hubo un extraño brillo en sus ojos. Era pánico, miedo por haberle pillado.
—¿Y qué quieres que te diga? Parecía ofendido, pero July no estaba dispuesta a amedrentarse.
—Necesito saber si quieres seguir conmigo o no. Sea cual sea tu decisión, la respetaré. Pero necesito que me lo digas.
Pareció pensarselo durante un minuto.
—Si eso es lo que piensas de mí...
¿¡Sólo te has quedado con lo de acostarnos!? ¿¡Todo lo demás no ha servido para nada!? ¿¿Eres idiota, o qué??
Su silencio fue evidente. Un silencio que duró demasiado tiempo y ella ya no quería desperdiciar más el suyo. Quien calla, otorga... pensó July con un suspiro antes de añadir:
Lo dejamos.

Como la cosa terminó un tanto brusca, y Julya se calmó durante la clase de circuitos, decidió aclarar las cosas con una carta; siempre se expresaba mejor cuando escribía.

El problema que se interpuesto entre nosotros es que no valoras a la gente. Un día hablas con una persona como si la conocieras de toda la vida y al día siguiente la ignoras. No tienes en cuenta sus sentimientos ni pensamientos. Además, no dejas que te conozcan, eres como una caja negra imposible de abrir y me he cansado de forzar la cerradura... Aunque me gustas, eso no puedo cambiarlo.
Si algún día comprendes mis palabras, avísame. Me alegrará saber que has madurado. Todos merecemos una segunda oportunidad...
No quiero que esto termine mal. Seguiré siendo tu amiga.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Jueves - 24

Julya se levantó tristona y apática esa mañana: necesitaba atención y mimos con urgencia, pero al llegar a la universidad no recibió ningún tipo de cariño por parte de Alex, lo cual empeoró su estado de ánimo. 
Por suerte podía contar con Nathan, ¡su querido amigo Nathan! Siempre dispuesto a todo, incluso a cogerla en brazos y darle vueltas en el aire sólo para arrancarle una sonrisa.
—¿Qué le pasa a Alex? —preguntó cuando se sentó a su lado—. Le veo raro.
—Yo también —reconoció Julya con cierta amargura. 
Y su silencio dejó claro que no tenía ni idea de qué le ocurría. ¿O puede que sí? De repente le entró el bajón y, a pesar de los ánimos de Nathan, empezó a comerse la cabeza. 
¿Y si Alex ya no quiere estar conmigo porque me negué a acostarme con él? Si es así, ¿significa que sólo busca cama? ¿Me dará la patada en cuanto durmamos juntos?
Julya no se atrevía a formular las preguntas en voz alta, pero si no intentaba resolver alguno de esos interrogantes, su cabeza acabaría estallando.
—Alex...
—¿Sí? —preguntó distraídamente, sin apartar los ojos del portátil.
—¿Qué soy para ti? ¿Qué somos?
¡Y ahí consiguió su atención!
—Mira... —Se pasó la lengua por los labios, intentando ganar tiempo—. Yo creo que lo nuestro es un rollo, ¿vale?
July asintió. Aunque seguía con las mismas dudas, por lo menos ya sabía que no tenía que preocuparse tanto los días que no estaba pendiente de ella. Ahora intentaría no mosquearse cuando el chico estuviera en las nubes. Después de todo, por fin Alex había etiquetado su relación. 
¿Un rollo? ¿Eso es lo que soy para ti? ¿Chica para un rollo? La idea no le gustó ni un pelo.
—¿Tienes algo que hacer mañana por la tarde?
— ... creo que no...
July esbozó una sonrisa.
—¿Te apetece quedar, o algo?
—Eeeh... Mejor no.
—¿Por?
—Es que... el sábado lo tengo muy liado y llevo varios fines de semana saliendo hasta las tantas, así que prefiero dedicarme a dormir la tarde del viernes.
—¿Dormir? —espetó July, enarcando una ceja. ¿En serio?
—Sí.
¡Y se queda tan ancho, el tío! ¿¡Quién se traga eso!? ¡Yo lo flipo! ¿Se cree que soy tonta, o qué? Julya apretó los puños, conteniendo sus ansías de mandarle a la mierda.
Alexander dio por zanjada la conversación y de nuevo se volvió hacia la pantalla, desconectando del mundo. El enfado de Julya no hizo sino aumentar. ¡Estoy harta de ti y tu estúpido ordenador! 

El resto del día estuvo seca  con Alex, lanzando pullas y siendo mordaz con cada comentario estúpido que hacía. No volvió a reír sus tonterías ni dejó escapar la oportunidad de lanzarle un hachazo bien merecido. 
Todos los chicos del grupillo se quedaron sorprendidos, incluso Nathan y Andrew intercambiaron miradas un par de veces; jamás la habían visto así. El único que parecía no darse cuenta era el mismo Alexander, quien intentó bromear con ella y quiso robarle el donút que se acababa de comprar. July no le mordió en la mano de milagro, pero el gruñido sí se lo llevó.
Era un hecho: Julya se estaba cansando de perdonar su comportamiento egoísta. Era el clásico narcisista. No había nadie más divertido para una fiesta, pero lo único que le importaba era él mismo; era incurable
Nunca hay que elegir a uno como pareja.
Se acabó. Mañana sería la última oportunidad, pero antes le pondría un poco sobre el terreno.
—¿Recuerdas que los rollos te duraban poco tiempo y rompías por aburrimiento? Ya empiezo a entenderlo...
Pero él ni se dignó a contestar. Así que Julya se marchó de clase.
Con esto, uno sabe que algo va mal, pero ya veo que te importa poco...


viernes, 27 de enero de 2012

Sábado - 19

¡Todo iba de mal en peor!
Esa semana, Julya sintió las garras del abandono clavándose en su corazón. Alexander apenas le había dirigido la palabra, inmenso en su mundo de guerreros y monstruos que lo mantenían pegado permanentemente a su portátil. A raíz de eso, July necesitaba más que nunca el apoyo de sus amigas: un día de risas y tonterías junto a Sam y Sharon. Pero la dejaron en la estacada.
Después de semanas planeando ir ese fin de semana de compras al centro, Samantha la llamó apenas una hora antes del encuentro diciendo que no podría ir porque ella y sus padres iban a casa de su abuela.
Julya se enfadó mucho con Sam, con sus padres, su abuela y con el universo entero. ¡Odiaba que le cambiaran los planes en el último momento! ¿Tan difícil era avisarla la tarde anterior?
"Podéis ir Sharon y tú al centro", sugirió Sam. "Yo iré otro día con vosotras."
Era la mejor solución, pero Julya no tenía ningunas ganas de pasar una mañana con Sharon -la muda- a solas. De hecho, sólo se lo pasaba bien si se juntaba con Sam.
De todas maneras, habló con Sharon: "Entonces no vamos", dijo con tan poco entusiasmo, que daba la sensación que le importaba un bledo quedar o no con ellas; como siempre, salir de casa no le interesaba lo más mínimo. 
Y allí estaba Julya, sentada en la cama, perfectamente preparada para salir, pero no tenía a nadie con quien ir. Sus pensamientos viajaban a toda velocidad. El plan de largarse ella sola cada vez le parecía más atractivo.
Su madre entró en la habitación con cierta cautela. Sabía que Julya estaba de uñas y, lo cierto, era que compartía su enfado; a ella tampoco le gustaba la extraña forma de actuar que tenían a veces las amigas de su hija.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó en un murmullo.
—Me voy.
—¿Tú sola?
—Sí. Se levantó de la cama y se calzó los botines—. No se me pasará el cabreo si me quedo aquí encerrada.
Se sentía como una bestia encolerizada, dando vueltas en su jaula, maquinando la forma de escapar.
Pues... ¡Pásatelo bien! 

viernes, 20 de enero de 2012

Sábado y Domingo - 12/13

Alexander la recogió en su casa acompañado por su amigo Erik, que ocupaba el asiento del copiloto. Julya se sentó detrás. Por suerte tengo los tres asientos para mí. Y se estiró, entrecruzando las piernas.
—Ponte el cinturón. Si nos pillan y no lo llevas, la multa la pagas tú —dijo Alex mientras salían de la urbanización.
—Tranquilo, si ya lo llevo.
¿De verdad me acaba de hablar como a una niña de diez años? No puedo creer que lo esté diciendo en serio. Un tanto contrariada, July se dedicó a mirar por la ventanilla.
La música rock empezó a bombear por todo el coche, eran canciones ruidosas con cantantes chillones, ella prefería los solos de guitarra y batería, los disfrutaba mucho más que esa música ratonera y rayante.
A pesar del ruido, July empezó a adormecerse y una cortina de pelo le cayó sobre la cara, tapando la luz del día; sus ojos no tardaron en cerrarse.
—Mírala, se ha sobado —dijo Erik en tono burlón. Alex la vio por el espejo retrovisor y sonrió con cariño.
¡Lo más gracioso de todo es que no estoy dormida! Julya estuvo a punto de reír a carcajadas. Incluso estaba tarareando alguna de las canciones que sí conocía, pero era imposible que ellos la escucharan teniendo los altavoces pegados.

viernes, 13 de enero de 2012

Viernes - 11

El traqueteo del metro ahogaba sus palabras, pero Julya sonreía ampliamente; no era difícil adivinar de quien hablaba.
Entonces ninguna viene al pueblo, ¿no?
Desde hacía varias semanas, Alexander había planeado hacer una fiesta en la casa que tenía en el pueblo. Ya había invitado a varios amigos, entre ellos a Julya, y también quería que ella se llevara a algunas amigas. ¡Cuantos más mejor! había dicho. A July le pareció una buena idea, pero conociendo lo cerradas que eran sus amigas a la hora de conocer gente... dudaba mucho que quisieran ir. 
Y tenía razón.
Samantha y Sharon se miraron un breve momento y luego negaron con la cabeza.
¡Qué va! Lo siento... se disculpó la primera con un sincero arrepentimiento. Mi madre se ha enterado del examen de biología del lunes, así que no me va a dejar salir ni a la calle.
July ya sabía lo del examen, así que asintió. Sus ojos se centraron en Sharon, quien no había abierto la boca en todo el trayecto.
Yo... es que no lo veo.
¿Cómo que no lo ves?
Tragó saliva, buscando las palabras adecuadas para no molestarla.
Es que no lo veo normal, ¿sabes? Lleváis muy poco tiempo y... no sé... que te vayas a su pueblo, pues...
Ya sé por donde vas... comentó July, mirándola con cierta superioridad. No temas, no voy a acostarme con nadie. Ni tampoco os van a violar.
Samantha rió ante la sugerencia, pero Sharon guardó silencio. Últimamente parecía que todos sus pensamientos se reducían a ese tema. ¿Tanto miedo le tenía al sexo? ¿Por qué? No entendía el empeño de Sharon por alejarse de todo eso, incluidos los chicos... A no ser... 
Julya entrecerró los ojos mientras la observaba, le estaba dando vueltas a teorías cada vez más retorcidas. A continuación elevó la vista y la centró en Sam. A lo mejor mi gaytómetro está estropeado. Tengo que consultarlo con Sam cuanto antes.

Una vez en el centro comercial, Julya les contó la historia del beso mientras recorrían las tiendas de ropa. 
Samantha reía y exclamaba, al igual que ella, y hacía todo tipo de preguntas: qué sintió, si le gustó, dónde estaban... Realmente le interesaba, al contrario que a Sharon, que parecía un ente que reptaba a su lado, callada y meditabunda. 
Julya empezaba a cansarse de su comportamiento. Tanto ella como Sam ya habían hablado con Sharon antes, si tenía algún problema o le preocupaba algo; las dos querían ayudar, fuera cual fuese el asunto, pero Sharon las había esquivado con una de sus sonrisas de besugo, y ninguna había vuelto a sacar el tema a la luz. Pero las dos estaban cansadas de que Sharon interpretara el papel de Reina de las Nieves cada vez que la sacaban de casa. 
Ahí estaba el otro problema: ¡nunca quería salir! Siempre les proponía ver películas y jugar a videojuegos, incluso que se quedaran a dormir, pero si ellas sugerían dar una vuelta, Sharon empezaba a resistirse. Pero era tan débil de voluntad que Sam y July al final conseguían que se vistiera y le diera el aire.