
De hecho, desde hacía una semana, apenas se había cruzado con Alexander y estaba muy agradecida por ello. Así sería más fácil borrarle de su mente. ¡Gracias universo!
Sin embargo, la vida estaba llena de casualidades. Esa mañana caminaba con una calma y sosiego envidiables hasta que, al entrar en el aulario, se encontró con Alex. Gracias universo... ¬_¬
—Hola.
—¡Adiós!
—¿Te vas? —Julya consultó el reloj—. Pero si quedan diez minutos para que empiece la clase.
—¡Sí! —Y lanzó una sonora carcajada al pasar a su lado.
Ella se giró y se lo quedó mirando. Estaba perpleja O_o
—¿Vienes sólo para cinco minutos?
—¡Sí! —Y volvió a reírse, pero esta vez con un tono que transmitía: lo sé, soy idiota.
—Qué raro eres... —comentó ella, también disimulando con una risa cordial. Y qué gilipollas.
Y cada uno siguió su camino. Julya se alegró de que las cosas volvieran poco a poco a la normalidad.
¡Novedades en el caso Alex!
Por la tarde, al terminar las clases, tenían prácticas de Circuitos. Había varios turnos y Julya se había apuntado con Andrew a la una.

En la puerta se cruzaron con los alumnos del siguiente turno, entre los que se contaban Alenxander y su fiel e inseparable sombra Marlon.
Les saludaron y Julya notó que Alex estaba raro, especialmente con ella porque evitaba mirarla y ni siquiera devolvió el saludo, aunque a Andy sí. Su comportamiento la dejó muy mosqueada, pero prefirió no preocuparse ni montarse pollos mentales, y mucho menos por él.
Dos horas después, en las que saciaron su voraz apetito a base de bocadillos y palmeras de chocholate como postre, regresaron a los laboratorios para acompañar a Nathan, que tenía el último turno. Se detuvieron un momento en la puerta del edificio, charlando tranquilamente, cuando Nathan levantó la mano para despedirse de alguien. Julya se dio la vuelta y vio salir al dúo dinámico: Alex y Marlon; el primero iba con la cabeza gacha y el segundo con su acostumbrado paso de ganso.
Dos horas después, en las que saciaron su voraz apetito a base de bocadillos y palmeras de chocholate como postre, regresaron a los laboratorios para acompañar a Nathan, que tenía el último turno. Se detuvieron un momento en la puerta del edificio, charlando tranquilamente, cuando Nathan levantó la mano para despedirse de alguien. Julya se dio la vuelta y vio salir al dúo dinámico: Alex y Marlon; el primero iba con la cabeza gacha y el segundo con su acostumbrado paso de ganso.
—¿Qué tal con vas con él?
—¿Él? ¡Bah! No hablamos ni nada y lo prefiero así...
—Está raro —comentó Nathan, pensativo—. Evita mirarte, incluso saludarte.
—Qué me vas a contar...
Cuando me ves tus ojos se vuelven tristes... ¿Te duele mirarme?
2 comentarios:
Guapi!!
te coemtno que ya he empezado a leerme esta historia. Lo primero de todo, esta genial auqnue solo voy por las priemras partes , ya estoy intrigada jiji
Y luego, que te comentaré con mas detalle cuando llegue al último que tengas escrito!! jajaj
Un bsito y sigue así ;)
Muchas gracias, Ali!
Siempre hace ilusión saber que hay otro lector que disfruta con tus historias :3 Y me dejas intrigada con ese "luego te comentaré" mmm ¿qué será? XD
Saludos ;)
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