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sábado, 2 de junio de 2012

Cuando se corta un hilo...

¿Alguna vez os habéis sentido tan impotentes que habrías gritado al mundo entero? Así me siento yo ahora.

Hace escasos minutos, una amiga de hace muchos años, ha dado por zanjada nuestra amistad.

Desde hace varios meses nuestra amistad estaba sufriendo un bache: horarios totalmente diferentes, examenes y trabajos axfisiantes que nos succionaban cada minutos libre, nuevas amistades... Cierto, estabamos muy ocupadas, pero ¿ese es motivo para distanciarte de una buena amiga?

La falta de tiempo es una excusa que esconde el verdadero motivo: pereza. Pereza por interesarnos en los demás, por salir de nuestra burbujita de seguridad y preguntar a esa persona que está a nuestro lado cómo le va la vida, qué siente; ¿está feliz o triste? ¿Esa mala cara, esa sonrisa forzada, no indica que se encuentra mal?

Una persona que no se de cuenta de esas cosas, no es un gran amigo. Y cuando hago un esfuerzo por comentarle qué me pasa, ella lo soluciona todo con poner cara de poker, fingiendo un falso interés. ¿Qué clase de amiga es esa?

¿Qué clase de amiga no lucha por recuperar una amistad de tantos años? ¿Quién no se esfuerza por pegar los trocitos desconchados, por devolverle la vida a esa flor marchita?

Otra excusa que se utiliza a menudo: has cambiado y no me gusta en qué te has convertido. ¿Es eso cierto? ¿No será, tal vez, tu forma de ver el mundo? ¿No será que tú misma has cambiado y ahora observas a los demás con ojo crítico? Puro interés, ¿no?

Porque mi amiga cambió, es cierto, empezó a comportarse como otra persona, una mucho más superficial. Estaba más pendiente de lo que pensaban de ella, su ropa, su peinado, que de cómo trataba y se comportaba con los demás. Aún así, yo estaba dispuesta a volver a conocerla, a aceptar su nueva faceta, su transformación hacia una personalidad más egoísta que estaba lejos de gustarme. Iba a arriesgarme.

Sin embargo, un nuevo error, una nueva decepción ha hecho que abra los ojos. No está cambiando para bien... al contrario. Y, cuando le he comentado que me sentía decepcionada por el nuevo plantón que encabeza su larga lista de decepciones, lo único que dijo fue: "si no quieres ser mi amiga, me da igual."

Todo queda dicho. La amistad ha fracasado contra el egoísmo y la cobardía. Yo estaba dispuesta a pelear con uñas y dientes porque sé que es una buena chica, o al menos lo era... pero ella no.

Seré buena, pero no tonta. No voy a luchar contra molinos de viento.

Sinceramente, espero que le vaya muy bien en la vida. Que sea feliz todo el tiempo que pueda y que haga amigos, muchos amigos, porque si los desprecia y se desprende de ellos con tanta facilidad, llegará un momento que estará sola.

De hecho, no es la primera vez que le pasa, antes ocurrió con otros. Ahora me ha tocado a mí. Y mañana... mañana será otro día.

Saludos ;)

miércoles, 8 de febrero de 2012

Lluvia en el corazón

Hoy es uno de esos días en el que estoy triste sin ningún motivo. Tengo ganas de llorar, pero no se por qué. Bueno... siendo sincera: sí, sí que hay un motivo. Me siento abandonada. A pesar de estar rodeada de personas las 24 horas del día, me siento sola. 
Tengo la sensación de que me están castigando por algo que no llego a imaginar, tal vez por algo que ni siquiera he hecho. Tengo un mal presentimiento... Estoy muy inquieta, tanto que no puedo concentrarme en nada. Las letras de los libros bailan por la página y mis ojos no son capaces de seguirlas, la música no me tranquiliza y ni siquiera puedo dormir. ¿Qué pasará? ¿Qué me pasa?
O tal vez tenga demasiado tiempo libre y no hago más que darle vueltas a la cabeza... ¡Si ya me lo decían! ¡Pensar es malo! ¿Se sabe de algún filósofo que haya sido feliz? No...
Hay días grises en los que sólo gracias a una canción, una palabra, un gesto de determinada persona hace que el mundo recupere su color. Y hoy es uno de ellos. 
No voy a darle más vueltas al asunto, ya que la respuesta es bien sencilla. Sé lo que me pasa y lo que necesito: le necesito a él.


Saludos ;)

domingo, 5 de febrero de 2012

Soy la reina de la nieves

No soy una persona quejica, para nada... No suelo quejarme de dolores ni molestias; prefiero soportarlos en silencio.
De hecho por culpa del frío tengo que vermelas con mis "queridos" compañeros los sabañones. El año pasado no tuve el placer de su compañía, pero la reciente ola siberiana ha hecho que me salieran como champiñones, y para colmo todos en la mano derecha (soy diestra) ¬_¬ Supongo que para que no me aburra escribiendo.
Y me diréis: "tiene fácil solución. ¡Usa guantes y punto!" 
Sííí... guaaantes... Los guantes no hacen sino empeorar el malestar (y por consiguiente, mi mal humor) 
Os resumo mi diagnóstico: si tengo las manos heladas, los dedos se hinchan y me duelen. 
Si me pongo guantes, las yemas empiezan a sudar y hace que me piquen los sabañones (y es imposible hacer nada con las manos, hasta sujetar un simple bolígrafo)
Así que el frío extremo me pone de mal humor y me vuelvo taciturna. Me cuesta sonreír y reír los chistes malos. Mis conocidos me miran ansiosos esperando cualquier aprobación por mi parte... pero es taaaaan difícil ser amable cuando no tienes ganas >_<
Tal vez debería consultar al Dr. House... ¡No! ¡Quita, quita! Que los pacientes se ponen diez veces peor cuando su equipo meter las zarpas XD
¿Conocéis algún remedio casero que me ayude con mi problema de circulación?

Saludos ;)

sábado, 7 de enero de 2012

¡FURIA!

¡Sí! ¡Cómo jode que te cambien los planes a última hora! 
¡Cómo jode que te vistas, maquilles y te prepares pensando únicamente en ver a esa persona tan especial, y cómo jode que en el último momento un puñetero SMS te destroce toda tu alegría y tus ilusiones! 
"No podemos quedar" Tres simples palabras capaces de enfurecer a la bestia que aguarda en mi interior. Se revuelve, gruñe y sisea, araña los barrotes de la jaula donde siempre la tengo confinada; poco queda para que de con la manera de abrirla.
Y ahora quiere arreglarlo, ¡a buenas horas mangas verdes! Las palabras sólo consiguen que la bestia ataque con más fuerza y determinación. No te acerques o te acabará mordiendo.
¡Y lo mejor de todo no es eso! No sólo me he quedado sin plan para el resto del día, sino que estoy SOLA. Mis padres se han ido y mis amigos también... ¡de put* madre! >(


Saludos ;)


sábado, 17 de diciembre de 2011

Sufrido y Escrito: Prejuicios

Hay momentos en los que desearías gritarle al mundo entero que se equivoca... pero por desgracia no siempre se puede. Ayer viví una de esas incómodas situaciones y necesito escribirlo para sacarlo del cuerpo; librarme del malestar y la rabia.
Por eso voy a estrenar una nueva sección: Sufrido y escrito.

Prejuicios
Nada más presentarnos, odio que la gente te juzgue por tu aspecto o tu comportamiento. No te conocen y tampoco hacen el esfuerzo por conocerte, pero ya tienen una idea preconcebida de ti que, prácticamente en todas las ocasiones, dista muchísimo de la realidad.
Ayer, sin ir más lejos, mi... ¿suegro? (no, no debería llamarlo así), el padre de mi novio (eso está mejor), me ha colgado el cartel de pija. ¿Por qué? No tengo la menor idea... 
En realidad  no me molesta que me consideren una pija (antes eso que choni/pokera, por ejemplo), pero odio que te traten de una manera u otra dependiendo de la etiqueta que lleves pegada a la espalda.
Soy una chica muy tímida, tanto que a veces me convierto en introvertida; me da un palo impresionante conocer gente nueva. De ahí que sea muuuuuy calladita, me limite a sonreír y asentir cuando estoy con gente y hablo con la mayor educación del mundo. 
Pues bien, por ser así resulta que soy pija. ¿Sentido? No le veo ninguno... Y, como él, muchísimas personas dan por hecho que soy algo, pero en realidad no. 
Me da rabia que crean que en cuanto abro la boca, consigo lo que quiero (¡ojalá!), que sobrevivo a base de caviar (ni siquiera lo he probado, ni tengo intención), me baño en dinero u oro y disparates por el estilo. Resultan increíbles las cosas que llega a decir la gente sin conocer en absoluto a otra persona.
Y cuando se trata del aspecto físico, ¡ya ni hablamos! Podría escribir un ensayo sobre este tema y me quedaría corta.
Eso no significa que yo me libre de los prejuicios, por desgracia también caigo en esa trampa. Pero siempre procuro no encasillar a las personas, sobretodo si no las conozco. Intento aplicarme mi propio cuento. ¿Y vosotros? ¿Qué pensáis?


 Saludos ;)